Deportes – 2003

20031026. Aznar,  al fútbol.

              ¿Qué de extraño tiene que Aznar sólo admitiera dos preguntas en su rueda de prensa sobre la “ayuda” (a los negocios) tras la guerra a Irak, “porque tenía que irse al fútbol”? No hizo sino imitar a su admirado amigo Berlusconi, que, también anfitrión, cerró no hace mucho de la misma despreciativa manera nada menos que una reunión mundial de la FAO, destinada a paliar el hambre en el mundo, para irse a otro partido de fútbol.

             La Unión Europea está investigando a este “cavaliere” italiano por la amenaza a la democracia con su monopolio televisivo; esperemos que pronto investigue también el monopolio televisivo de hecho que tiene Aznar en España.

2003109.  Matan por el fútbol-negocio.                                  

                                  De nuevo un muerto y muchos heridos por el fútbol. De nuevo las mismas hipócritas lamentaciones de quienes fomentan en provecho propio el darle una importancia excesiva a ese espectáculo. Sería ridículo darle tanta transcendencia, si eso no llevara a engendrar fanáticos que matan y mueren “por sus colores”, con la misma irracionalidad que otros por los colores de su bandera patriótica, o por lo que le han imbuido ser su “religión”.

                                     Fomentando esos sacrificios humanos, pensando que “es bueno que un hombre sólo muera por el pueblo” (en realidad, por sus propios intereses), esos manipuladores nos dicen de boquilla que lamentan la violencia… que de hecho, deliberadamente, están fomentando; con la complicidad de algunos cronistas que no vacilan echar leña al fuego, hablando de equipos que “aplastan” y “humillan” a quienes, al perder, no salvan “su honor”, etcétera.

20030624. Futbolistas nuevos ricos, insoportables.

                          Nada más natural que el que los futbolistas del Real Madrid se hayan creído con derecho a pisotear la cultura –el símbolo de Madrid, la Cibeles- y, por despecho al prohibírseles, a pisotear también a sus propios directivos y a las autoridades recién elegidas por los ciudadanos, plantándoles cara e intentando boicotear actos oficiales. ¿No “valen”, no cobran incomparablemente más que sus directivos y autoridades, gracias a las patadas que pegan a un balón?

                          Claro está que esos ídolos forrados de oro tienen los pies de carne, como todos, y los responsables últimos de impresentable pataleta son esos mismos directivos y autoridades que directa o indirectamente les han ensoberbecido con esos sueldos fabulosos para prestigiar un espectáculo que tapa manejos económicos y políticos poco limpios. Esa manera de ganar dinero a patadas, esos sueldos constituyen un insulto para todos los trabajadores y, como brutal “sobredosis económica” que es, lleva a muchos de esos profesionales de ese tan manipulado fútbol-espectáculo al más patente desequilibrio psíquico.