Deportes – 2004

20041123. Racismo fútbol normal.

                              “Mi marido me pega lo normal”. Esta frase ha quedado como símbolo de un sistema machista que nuestra sociedad ya no puede tolerar, por más que el machismo sea todavía “típico” de ciertas subculturas étnicas que se empeñan,  al menos en parte, en reivindicarlo, como señal de identidad y parte de su peculiar “moralidad”.

                En modo parecido, la frase  que acaba de pronunciar un futbolista negro, el centrocampista del Valencia Sissoko: “Estoy acostumbrado a que me insulten”, muestra la “normalidad” y profundidad de un repugnante racismo que, como ciertos extremismos políticos y cloacas de dinero negro, han encontrado en el fútbol no sólo su desaguadero, sino su caja de resonancia y multiplicación, para mayor daño de nuestra convivencia e imagen, incluso a escala internacional, como estos días.

                Hay, pues, que sanear a fondo esta estructura, eliminar las ratas y cucarachas que se esconden en sus bajos fondos y devolver a ese espectáculo su sano espíritu deportivo y competitivo, hoy tan desfigurado por las peligrosas alimañas que proliferan en la podredumbre que ellas mismas han engendrado.

20041120. Racismo fútbol.


                                   Con perspectiva histórica, y quizá no menos que el asesinato de la dominicana Lucrecia, el masivo, repetitivo, televisivo, internacional espectáculo racista del choque futbolístico con Gran Bretaña en Madrid quedará como uno de los principales hitos en la tan tardía y amarga, pero necesaria toma de conciencia del tremendo problema de racismo español. Prejuicio tan profundo y omnipresente que –como el agua para el pez- resulta difícil comprender en su integridad. Y más difícil es aún confesarlo, de modo que todos los días escuchamos en bares y calles a quienes gritan ellos  no son racistas, pero que es “natural” tratar como hacen a  negros, moros, sudacas, etcétera… explotando su trabajo en casas, comercios, fábricas o campos.

                                     Campeones en ese negocio de “discriminar para explotar”, grandes intereses  crean o manipulan “ONGs” fomentadoras de la discriminación y el odio, entre las que desde hace tiempo que se han  tristemente destacado muchos equipos de fútbol que, bajo capa de “competición deportiva”, cobijan de muchas maneras a algunas  bandas de extremistas que, como es notorio, pasan con demasiada frecuencia de la violencia verbal a la física. Fechorías que son ocultadas, minimizadas e incluso fomentadas por ciertos “comentaristas”, predicadores del odio a esas minorías discriminadas y explotadas.

                                    Ante esta crisis,  está claro que, a una  con las administraciones no corrompidas que estén realmente al servicio del bien público, todo ciudadano decente debe enfrentarse y combatir a quienes se apoderan de nuestro nombre y nuestra bandera para hacer del nacionalismo su vergonzoso negocio, arruinando el buen nombre y hasta la  economía de sus  conciudadanos, como se quejan muchos –con razón, pero a veces, sin tener el mínimo pudor de reconocer que nos lo merecemos por haber tolerado que las cosas lleguen a este punto- que sucede ya con el turismo, la Olimpiada del 2012 y un larguísimo etcétera, incluso en el plano estrictamente económico.