Una vida ajetreada por la censura

                        Vine al mundo en Cataluña, España. De mi patria grande tuve que huir durante muchos años por la dictadura nacionalista de Franco; de Cataluña, también, por otra dictadura nacionalista de facto, copia atrasada de la franquista, (como ésta de otras), que también la está destruyendo económica y moralmente, como hizo, además con sangre la franquista.

                       Ayudado por esas trágicas experiencias, me considero cada vez más un ciudadano del mundo; y de hecho he recorrido los cinco continentes, repartiendo 20 millones de un folleto con múltiples informaciones sanitarias. (Véase en la Web). Lo redacté tras diplomarme en Demografía, (que creo con su mejora debería llamarse Demología, Ciencia de la Población, según explico aquí en su lugar), tras licenciarme en Sociología, diplomarme en Etnología e Historia de las religiones y doctorarme en Filosofía, todo ello la U. de París (Sorbona) Ya me había licenciado en Filosofía y Letras en la U. de Barcelona, y también licenciarme en Teología, en la U. Gregoriana de Roma.

                         Sobre esto último, aclaro que desde hace 55 años, respeto a todas las religiones que nos respeten a todos, pero no profeso ninguna. Por mi propio respeto a los derechos humanos de todos, critico -como creo ser mi deber por mis conocimientos- las ideologías o a los dirigentes religiosos que no los respeten, máxime si provienen de doctrinas de suyo pacíficas o incluso solidarias con el prójimo, como la de Buda o de Jesús. Por lo demás ¿Cómo no voy a respetar a las personas religiosas si yo mismo lo fui mucho durante muchos años, con no menor buena conciencia de lo que hoy creo seguir teniendo?  (Véase el folleto “Respeto para todos”).

                           La muerte de Franco y el recibir una parte de la herencia de mis padres me permitieron volver a España. El deseo de “casarme” de nuevo con mi patria, ya que mi exilio de facto me había alejado de ella durante la mayoría de mi vida, hizo que a mi vuelta en 1980 me hiciera por primera y única vez miembro de un partido político, renacido y entonces en la oposición, el Partido Socialista Obrero Español. A poco de subir éste al poder, crecientes discrepancias con su actuación y mi poca habilidad para el trabajo organizativo me llevaron a renunciar, hasta hoy, a toda asociación política, procurando apoyar en parte a la que considere en ese momento y actuación menos imperfecta; lo que a veces es muy complejo y explica en parte la marginación e incluso positiva censura que sufrí desde entonces aquí.

                        En efecto: Mientras que durante los 15 años en que estuve en Suramérica fui profesor en nueve Universidades, en mi país se cerraron las puertas hasta para la convalidación de mis títulos “extranjeros”. Allí me pagaban por publicar mis libros; aquí, ni pagándose los difundían. Allí me invitaban a dar conferencias; aquí hasta el Gobierno del PSOE me las censuraba. Allí publicaba artículos en la prensa, aquí fueron cada vez menos aceptados por la polarización política: por la izquierda por criticar al PSOE y al final también por la derecha cuando se dio cuenta que lo hacía, tan atrasados estábamos, que era más a la izquierda. Por eso renuncié tras dos años incluso a mi colaboración (gratuita) en la Agencia de periodística de Manuel Leguineche.

                      Todo esto, junto al poco avance a la democracia de España, máxime tras el golpe del 23 de febrero 1981, así como la muerte de mis padres y otras causas personales, me llevaron a una profundísima depresión de varios meses y de la que todavía me tengo que medicar. Para evitar lo peor -y dada la mala situación del país- me fui involucrando cada vez en la publicación de cartas a la prensa sobre los temas en que estaba especializado, incluido el político, en parte ya incluido en mis anteriores estudios, que fui ampliando (pocos saben lo que llega a estudiar para ser examinado cada día en esos temas por sus alumnos un profesor medianamente dialogante) mientras daba clases de ese tema en varias Universidades.

                       Habré enviado desde 1980 unas siete u ocho mil cartas a los medios, pero desde la crisis económica del 2008 han sido cada vez menos publicadas, al apoderarse, gracias a la crisis, de los principales medios de difusión, nada interesados en que se conocieran los problemas reales y la opinión sobre ellos de los ciudadanos, a los que dieron en cambio espectáculos y concursos deportivos hasta lo antes inimaginable, incluso durante el franquismo. A eso se añadió la aplastante mayoría absoluta del PP desde 2011 y su convivencia corrupta con esos grandes capitales acabaron con la poca libertad de expresión ya existente, hasta culminar en las tan descarada leyes draconianas conocidas como leyes mordazas, que cuatro años después el PSOE de 2021 todavía se está pensando el derogarlas.

                         Las manifestaciones, tan libres en teoría según la Constitución española, me permitieron, sí, contribuir a difundir la importancia de ciertos problemas, aunque fuera de un modo muy resumido, elemental, para un pueblo que declara en un 85% recibir sus noticias políticas por televisión (así está el de Cataluña con su TV3 copada por los separatistas) y que, en una encuesta europea, es el que más declara ahora, con toda razón, desconfiar de los periódicos; para no hablar de los libros y su caída en picado actual con la aparición de las nuevas tecnologías.

                          En las manifestaciones de este período no han faltado momentos de fuerte represión con el PSOE y, más aún, con el PP, que la culminó con las leyes mordaza. Bajón fundamental en esa libertad de expresión que, como ya he indicado, todavía mantiene en parte el PSOE, añadiéndose encima el problema del coronavirus. De ahí, aprovechando el confinamiento por la epidemia, mi decisión de crear este web, en la que continuar mientras tenga fuerzas mi trabajo, empezando por poner al alcance de quien lo desee gran parte de los esfuerzos que he podido hacer para comunicarme con los demás y cumplir con las obligaciones de solidaridad con ellos que estimo tengo por la posición privilegiada que -como a tantos en los países del Norte- me ha dado la vida.                                                                 

Martín Sagrera Capdevila.