Animales – 2006

20061222. Cruel afición, un peligro para todos.

                          La ministra Narbona lo tiene cada vez más difícil para justificar las actuales corridas de toros, no sólo ante la Unión Europea, como ella misma dice, sino ante esa mayoría cada día más numerosa y decidida de españoles que rechazamos y encontramos muy peligrosa esa tradición, castiza y cruel como la Inquisición. Peligro que confirman a su pesar algunos rechazos a su modesta propuesta de que al menos, como en Portugal, no se dé como cumbre del espectáculo la muerte del animal.

                         En efecto: algunos “taurinos”, pocos, pero influyentes, defienden ese rito cruel sólo por sórdido interés económico, al ser dueños de plazas de toros o dehesas, en modo parecido a ciertos defensores de la mortífera droga aún legal, por ser propietarios de plantaciones y tabacaleras, apoyados por los muchos camellos traficantes de ese veneno. Otros “taurinos” rechazan la modificación de las actuales corridas por oponerse al Gobierno de turno por cualquier medio, como vemos ocurre también con el tabaco con la ambiciosa “presidenta” Aguirre, que no duda, en su búsqueda de poder, en atropellar así también la salud de los madrileños, que ha degrado ya –incluso en lo económico- de muchas otras maneras. Los taurinos de verdad suelen ser miembros de grupos residuales, de otras épocas, incluso por su edad –ahí están las encuestas-, que gustan y van al espectáculo, aunque no se lo quieran confesar ni a sí mismos, precisamente por eso, por ser cruel, sangriento, mortal, para el inocente animal e incluso para el codicioso payaso circense que expone su vida por divertirles, cuyo miedo, heridas e incluso muerte les divierte también tanto que, como esta muy comprobado, acuden mucho más y con mucho más entusiasmo, morbosidad, a las corridas cuando, junto con los animales, su verdugo, el matador, resulta también muerto.

                        Estos grupos, numéricamente tan minoritarios, son muy peligrosos para toda la sociedad; porque quienes se atreven a defender el que sufran y mueran animales, e incluso toreros, para divertirles a ellos, están ayudando así a mantener vigente una mentalidad de la que surgen periódicamente –demasiadas experiencias demasiado cercanas lo avalan- quienes no dudan en pedir también que otros mueran por la patria (en realidad, por ellos, por sus intereses). “Cruel con toros, cruel con todos”. ¡Afición sangrienta, vergüenza y peligro para España!

20061215. Torero razonable.

                        Todavía hay quien intenta excusar su conducta en ciertas actividades y ambientes cada día más marginales apelando a la noble causa de que tiene familia que mantener. Así las declaraciones de un joven de dieciocho años, Miguel Tendero: “Quiero ser figura para comprarle una mansión a mi madre”.  Estamos ya muy lejos del “más cornada da el hambre” y, según afirma la misma ortodoxa y tradicional moral cristiana, no es en modo alguno justificable el exponer su propia vida por esa fútil ostentación de comprar a su familia nada menos que un palacio, y a los precios que está hoy el ladrillo. Ni una madre digna de tal nombre, hay que decirlo también bien claro, debiera aceptar un regalo de su hijo, si para hacérselo éste debiera exponerse tantas veces a un peligro serio de mutilación y muerte. A todo esto hay que sumar el reprobable método de conseguir tanto dinero superfluo que tiene ese Tendero, a costa de maltratar y matar a muchos animales, dando un cruel y nocivo espectáculo al conjunto de la ciudadanía. “Cruel con toros, cruel con todos”.

20061206. Apoyos contraproducentes toreo.

                               Nadie hace más daño a una buena causa que quien la “defiende” con métodos poco éticos. Así, cuando veo las pintadas que dicen “Muerte a los cerdos nazis”, yo, que tantos años he luchado contra el fascismo y la pena de muerte –ahí están las hemerotecas- siento indignación y vergüenza de tener esos “colegas”. En modo parecido, después de luchar durante decenios, por escrito y en manifestaciones en Barcelona, Pamplona y Madrid, contra las corridas de toros, me avergüenzo de tener la “ayuda” del autor de la carta a EL PERIODICO –y no es el único, por desgracia- que escribe que preferiría la vida de una persona más que la de un toro… pero no en el caso de Boadella.

20061102. Toros campaña falsa.

                           Yo no soy “un joven antitodo”, tengo 71 años, pero no deja de enriquecerme la liberalidad de este diario, que publica cartas incluso de quien le acusa ser partidista contra las corridas de toros. Eso le achaca un particular, “de la Calle” (Fernando), tan peculiar él que dice: “no me gustan especialmente” las corridas, pero constituyen, ahí es nada, “el mayor distintivo internacional de España”. Eso sí que no: a Dios gracias, tenemos muchos más y mejores distintivos que esa sangrienta carnicería. Y si todavía las corridas “las defienden millones de personas en este país”, somos más, según prueban las encuestas (incluidas las científicas, aleatorias, que ese señor prefiere ignorar) los que las rechazamos con energía. Y, en todo caso, como los derechos individuales de las personas, la moralidad de hacer sufrir por placer a los animales no está sujeta al juego de mayorías o minorías: es siempre perverso y condenable, aunque la mayoría de las personas fuera tan cruel como para no ser consciente de ello.

20061027. Bosé.

                     ¡Qué pena! Con todos los gravísimos problemas de hambre, miseria y guerra que existen en el mundo, y ahora a Lucía Bosé no se le ocurre nada mejor que fomentar esa vergüenza nacional que son las corridas de toros, construyendo un nuevo coso con la excusa de un esbozo hecho el siglo pasado por Picasso. ¡Qué poca humanidad, qué crueldad, incluso con los animales! ¡Qué especie tan insensible se empeñan algunos en hacer de nuestra especie!

20060911. Envidia injustificada.

                            Confieso públicamente que durante muchos años he padecido un gran complejo de inferioridad, mirando con envidia la agilidad de los gatos, y he estado a punto de adorarlos, como ya hicieran los egipcios. Pero la ciencia me ha salvado, apartándome de tan ridícula superstición. Porque gracias a recientes estudios hoy sabemos que, como otros felinos, los pobres gatos son tan débiles que, por pura necesidad, no por libre y señorial decisión, deben pasar durmiendo cuatro quintas partes de su vida, que viene a ser así en la práctica, muchísimo más corta de los 10-12 años que sobreviven. Para ellos, muchísimo más que para nosotros, “la vida es sueño”. Y un sueño inquieto, por los múltiples peligros que en ese estado de indefensión les asechan. Comprendo ahora que el pobre gato me mire con indiferencia, o incluso con furia, cuando interrumpo su tan interminable como necesaria e inquieta siesta; no es por menosprecio hacia mi persona, como creía mi acomplejado ego, sino una lógica consecuencia de su insomne desesperación ante su perra vida, con perdón. 

20060502. Animaladas y ridiculeces.

                          ”El darwinismo en solfa” fue un librito que tuvo un momento de fama a finales del diecinueve español,  impulsado por quienes temían que se desvelara su parentesco con los demás animales, y quisieron con esas expresiones rimadas desacreditar a Darwin, acudiendo, a falta de razones más serias, a intentar ponerle en ridículo. No menos ridículo es hoy el intento de desacreditar al internacional “Proyecto Simio” por parte de otro grupo de inseguros, que temen que ese respeto a nuestros parientes revele cuán cerca están algunos -con ese rechazo a dejarlos vivir y no torturarlos- de las más feroces especies de animales de los que reniegan, y constituyendo, ellos sí, la vergüenza de nuestra raza. Constituyen una subespecie muy regresiva y feroz esos que emplean su cabeza, como ya se lamentaba Machado, sólo para embestir, en un peligroso atavismo evolutivo, que les aproxima a las especies dotadas de cornamenta, contra las que todavía consideran digno muchos de ellos enfrentarse en corridas, torturándolas y matándolas, como a galgos, gatos y otros animales menos bestiales que los que así los tratan.