Animales – 2005

20050831. Denunciad toreo.

                         ¡Denunciad, denunciad! Yo estoy de acuerdo con el ciudadano que ha pedido en la prensa* que las víctimas de los encierros dejen de quejarse inútilmente y acudan a los tribunales para exigir justa indemnización a quienes les han incitado a participar y facilitado el acceso a tan peligrosa actividad. Porque estos promotores no pueden excusarse argumentando simplemente que habían advertido de los riesgos, como tampoco las tabacaleras –según observa Diego Mas- con sus rituales advertencias en las cajetillas de cigarrillos.

                         Pero yo creo que  hay que ir más allá: no sólo deben reclamar ante los tribunales los  heridos y mutilados, y los deudos de los muertos, sino que también los ciudadanos conscientes debiéramos denunciar judicialmente a esos políticos que, por inconsciencia o corrupción, derrochan así  nuestros dineros –haciéndonos así cómplices a la fuerza- y fomentan todo ese sangriento negocio montado entorno al toreo.

                          Es tan asombrosa como indignante la cantidad de euros de nuestros impuestos que se malversa en mantener e incluso ampliar esa barbarie, desde la Escuela de Tauromaquia en Madrid hasta los costosísimos servicios de “orden” de ese lamentable espectáculo. Eso, sin contar los más difícilmente cuantificables, pero quizá peores costes sociales subyacentes en mantener esa “escuela de crueldad”, porque “cruel con toros, cruel con todos”. Hora es, pues, que los tribunales actúen para ir poniendo coto a esa lamentable reliquia de un pasado despiadado, que contradice tan directamente nuestros sentimientos, costumbres y leyes actuales.

20050525. El negocio taurino, a juicio.


                       El representante del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes se lava las manos, como Pilatos, ante la masiva tragedia provocada por su encierro; más aún, quiere aparecer como el bueno de la película, que respeta la libertad de los ciudadanos. Hipocresía tan vergonzosa, interesada y funesta como en su campo era hasta ayer –y en parte aún sigue aquí- la de otras autoridades ante el tabaco.

                       Los que combatimos esa lacra no pretendemos prohibir los encierros, como dicen estos fariseos de ese nuevo “Club por la Tolerancia”, sino sólo la propaganda y negocio –no sólo económico- en favor de esa sangrienta e incluso mortal costumbre. Porque así como cuando se elimina el patrocinio del Estado sobre el tabaco, y se prohíbe su propaganda comercial, desciende en picado el número de drogodependientes de ese mortal veneno, pues nadie nace fumador, así, cuando no hay apoyo de ningún tipo a esa actividad insensata y cruel costumbre, su práctica disminuye radicalmente.

                       Basta, pues, ya de hipocresías, tanto de autoridades como de algunos medios de comunicación, que sacan tajada de ese morboso sensacionalismo, para después “lamentar” su trágico resultado, calificándolo de “dantesco” o “infernal”, según hemos leído ahora en cierta prensa madrileña ante las docenas de víctimas de ese, por ellos mismos, tan publicitado y, por tanto, estimulado desatino. Lo realmente diabólico es el alimentarse, como Saturno, mutilando y devorando incluso a sus propios hijos, y encima llorar con lágrimas de cocodrilo y denunciar la irresponsabilidad e insensibilidad… de sus propias seducidas víctimas.

                      La solución nunca podrá venir de intentar conmover las entrañas de quienes sacan tanto provecho personal de ese sistema caníbal. Como en el caso de los tabacaleros, sólo podremos terminar con esa matanza usando todos los resortes del Estado de derecho, incluido, como con las tabacaleras, el recurso a la Justicia por sus propias víctimas aún sobrevivientes, o sus deudos, con denuncias y justas indemnizaciones que consigan hacer “peligroso”, impopular y poco rentable para sus fautores tan infame negocio.

20050525. Toros vergüenza.

                                               “¡De vergüenza!”, “¡de vergüenza!”, gritan una y otra vez los críticos y público de las diferentes corridas de toros de San Isidro. Estamos plenamente de acuerdo con ellos la mayoría de los españoles, ya avergonzados de esa sádica “fiesta”, y esperamos que de esa desilusión coyuntural y superficial pasen a hacer una crítica seria y a fondo de ese espectáculo siempre tan triste y bochornoso para nuestro país, del que son especialmente responsables los que de uno u otro modo contribuyen todavía a mantenerlo.