20200805. La izquierda, de vacaciones.
Es cierto que la mayoría de los grandes revolucionarios surgieron de las clases burguesas e incluso aristocráticas, ya que las más oprimidas no tenían ni la formación, ni el tiempo ni los medios y conexiones sociales para liderarlas. Pero ya en el siglo XX y sobre todo el XXI europeo, entregadas las clases medias y obreras al, digamos, consumismo, integrados los primeros en los partidos revisionistas y los otros en los nuevos “sindicatos”, pequeñas excusas sirven para posponer y hacer fracasar las luchas ya empezadas.
Una de las más eficaces “razones” para ello es el derecho a consumir al máximo las vacaciones. Como las arenas de la playa amansan las más embravecidas olas, ese largo período diluye el ímpetu reivindicativo. Durante esa, en su conjunto, cuarta parte del año, derecha recupera y más, al no tener una real oposición, desde el campo militar hasta el de los medios de difusión, pasando por el de los políticos, reyes, capitalistas políticos y financieros, etc. Citar ejemplos concretos, incluso sólo en este mismo 2020, superaría con mucho el espacio que los pocos medios que aún aceptan hacerse eco de la crítica ciudadana pueden acoger y que cualquier persona no voluntariamente ciega puede constatar.
20200830 No necesita enemigos.
Teniendo en su día unos gravísimos problemas políticos, económicos y hasta militares, la izquierda colombiana paralizó en su día el país con una huelga general para que el Gobierno le dijera dónde había enterrado al cura guerrillero Camilo Torres, para convertirlo en lugar de peregrinación.
Hoy en España sufrimos un segundo ataque del Covid-19, una fuerte desencuentro dentro del Gobierno izquierdista y enfrentamiento con sus adversarios derechistas para unos Presupuestos que condicionan nuestro porvenir, un fuerte conflicto territorial y otro monárquico. Pero unos ultraizquierdistas montan en pleno agosto una manifestación para protestar de que no le dejan conmemorar un año más la muerte de un poeta de entierro desconocido hace ochenta y tantos años. Mientras, la derecha se carcajea, pero la mayoría del pueblo, del que esos izquierdistas proclaman ser los portavoces y mejores amigos, no necesita enemigos.