Género – 2015

20150304. Por la mujer trabajadora.

                                    El día 8 se conmemora el día de la mujer trabajadora por un salario, porque en general, todas, como todos los hombres, trabajaban; incluso más, por tener muchas veces que atender más de lo que sería equitativo a las labores del hogar y los hijos.

                                     Los medios de difusión informan cada año más de esa problemática, analizando el desempleo femenino, su discriminación laboral en general y en el salario, etcétera. Pero es una lástima que muchas manifestaciones, dirigidas por mujeres que tienen que tienen tanto de obreras o empleadas tradicionales como un partido que no voy a nombrar, pongan como temas principales ahí reivindicaciones que debieran ser objeto de actos específicos. Esperemos que, contra lo anunciado este año en la de Madrid, no se pierda de vista el objetivo fundamental, y más en esa época de crisis, de ese día dedicado a la mujer trabajadora.

20150330. Varones y mayores, discriminados.

                          Toda discriminación es condenable; pero la peor es la que hace el mismo Gobierno, tanto por su gran difusión como por montarla con dinero de los discriminados.  Al anunciar la Secretaría de Igualdad que daría los resultados de una encuesta sobre Violencia de Género, e interesado en el tema como ciudadano y sociólogo, interrogué al primer periodista que salió de la sesión, una joven de RTVE, qué se había dicho sobre el maltrato a los varones. Me respondió que nada, “porque es una encuesta sobre violencia de género”. ¿Es que los hombres no tenemos género? Peor aún, si cabe, a mi pregunta que si se había tratado de la violencia a los mayores, me respondió que tampoco, “porque los viejos saben defenderse” (¡!).  Ya sabemos, pues, los varones y los mayores lo que piensan de nosotros y cómo se preocupan por conocer al menos nuestros problemas los dirigentes y periodistas ligados a este Gobierno. Menos mal que están cerca las elecciones.

20150404. España es un país de fe.

                                           España, al menos en Europa, es un país de fe. Y no me refiero sólo a la Semana Santa, cuyos ritos en no pocos lugares son lo más contrario al Evangelio, ni a otras pintorescas creencias, como el inculcarnos que en Madrid hay una “calle” M-30, cuando se trata de una autovía de cinco más carriles por sentido.

                                         Estas creencias abundan mucho en la política, donde cada bando nos incita a creer, cuando manda, que los brotes verdes ya existen, o que la corrupción es la del adversario. Estos días hemos tenido un ejemplo extraordinario de esa fe contra toda evidencia de lo contrario. Es sabido cómo la derecha se ha negado, y algunos siguen aún en sus trece, a ver que pueda haber matrimonio y familia entre los homosexuales. Por el contrario, la izquierda ha predicado e incluso legislado, invocando para ello nada menos que la igualdad, que la misma violencia que en el hombre es delito sea en la mujer una mera falta. Y tan a fondo ha llegado esa fe que la misma Guardia Civil, y cuando ya no gobiernan los autores de ese “misterio”, de Pajín a Zapatero, han pedido perdón por haberse “equivocado” y sostener lo contrario. 

                                       Quedan aún demasiados creyentes que una ley puede no sólo cambiar una costumbre, transformar milagrosamente la esencia de las cosas. Como decía Koestler, “la fe puede mover montañas, pero también hacerte creer que un arenque es un caballo de carreras”.

20150416. Las mujeres de Rouco.

                           Tanto escándalo por el ático de Rouco, pero a mí me parece peor lo de sus mujeres. No, no piense usted siempre en lo mismo. Las pasiones del cardenal han sido siempre el poder y el dinero, y a su edad, y otros achaques, no tiene cara de haber cambiado. Lo más indecente, en mi opinión, es que se lleva a su ático, para que le cuiden a él, nada menos que dos sirvientas; en concreto, dos monjas. No puede quedar más claro cuál es el papel que esa jerarquía eclesiástica asigna en la Iglesia a las mujeres devotas.