Violencia y erotismo

El exjuez de Alzuaga acaba de declarar que «a los niños les escandaliza más psíquicamente el erotismo que la violencia»… «aunque quizá habría que estudiar la mentalidad de cada niño». Tanto en la afirmación como en la salvedad, el juez tiene, a nuestro juicio, más razón que un santo.

Cuando yo era niño e iba al cine de mi colegio, los padres jesuitas cortaban cualquier es-cena en que saliera un beso, pero dejaban ‘todas las escenas de violencia, incluso los prime-ros planos de sañudo apuñala-miento 7. por la espalda. No es pues de extrañar que a los niños nos pareciera peor besar que apuñalar, y termináramos por escandalizarnos más de ver hacer el amor que -de la más encarnizada guerra. Nos parecía más decente y conforme a nuestra historia el «¡Españoles, mataos!» que el «¡Españoles, ameos!».

Hoy las costumbres están cambiando, y ya los niños empiezan a considerar más correcto hacer el amor que no la guerra. «;Se ha perdido la moral!», lamentan personas como el juez Navarro. En efecto, ya no pre-domina su moral, aquella visión militar o joseantoniana de la vida que le inculcaran a él de pequeño, y que Je ha llevado, incluso a querer ‘mular a Guzmán el Bueno, que sacrificó a su hijo por su patria, hazaña que se alababa mucho cuando el niño Navarro estaba en la escuela, por su semejanza con e] Moscardó del Alcázar de Toledo. Y, para imitarlos, Navarro hizo detener a sus propios hijos, de 4 y 8 años, por jugar a la pelota en el parque. Así, por el precio de una multa de 500 pesetas, puede exhibir y exhibe muy orgulloso un certificado de ser una reencarnación de Guzmán el Bueno, incorruptible juez de su misma familia.

Por supuesto, una persona así, tan «seria», de tan pocos amigos, como confiesa él mismo, debe tener alguna compensación. Y ese increíble diploma de «bueno», a 500 pesetas, lo retrata de cuerpo entero. Por si quedara alguna duda, ‘el juez Navarro dice de sí mismo, con encanta-dora modestia: «Soy simplemente una persona recta, honrada, que doy ejemplo de cómo se tiene que ser»… «lo que pasa es que no se puede ser honrado»… si todos fueran como yo «España estaría de otra manera». Sin duda estaríamos practicando todavía el deporte de la guerra.

Por fortuna, y a pesar de estas (auto) orgullosas reliquias del pasado. España celebra cada día más el día de los novios, las fiestas coloreadas del erotismo y de la vida, en vez del día de las guerras. las fiestas enlutadas de la violencia y de -la muerte.