Política – Izquierdas – 2003

20030422. En Cuba eran negros.

-“¡Ah, es que eran negros!”. Por fin algunos se han caído del burro al conocer por fin el “pequeño detalle” relativo a la identidad de las tres víctimas fulminante ejecución –mejor diríamos linchamiento- por parte del régimen de Castro; color que habrían resaltado en titulares muchos medios “independientes”, de haberse realizado esa ejecución en cierto país vecino a Cuba. Ejecución sin la menor pretensión de hacer justicia, sino realizada utilizándolos hasta en eso para dar ejemplo, hacer escarmiento, por una “revolución” que, después de 43 años, aún necesita defenderse matando a quienes, lejos de enfrentase a ella, sólo pretenden escapar del mayor Sing-Sing que ha conocido América, cárcel rodeada de sanguinarios tiburones naturales y aún más sanguinarios tiburones políticos, que engordan con la carne de sus víctimas.

Sin embargo, todavía hay inhumanos defensores de esos tiburones políticos, o quienes sólo ahora se alejan tímidamente, implorándoles encima que no les consideren traidores –como les ruega Saramago-, cuando hace decenios que Castro traicionó brutalmente a quienes soñamos –nunca mejor dicho- con un paraíso social caribeño. ¿Qué se puede esperar de esa parte de la izquierda española que todavía estrecha esas manos manchadas de sangre, intentando justificarse con las más burdas falsificaciones históricas? Así les vemos equiparar sin rubor la Cuba precastrista con Haití, para exaltar su actual “progreso”, o denostar el lupanar yanqui de entonces y cerrar los ojos ante el “turismo sexual” actual, denunciando la anterior opresión imperialista estadounidense mientras que han callado ante la más reciente, y aún peor en muchos aspectos, opresión de la URSS, mientras le fue posible.

Los extremos se tocan. ¿Qué diferencia real –no digo superestructural, ideológica- hay entre esos amigos de la dictadura de Castro, Stalin, etcétera, y los de la dictadura de Franco, Hitler o Pinochet? Nada desacredita más a la izquierda democrática, como a la derecha del mismo signo –y el olvidarlo con sus mayorías absolutas les ha llevado a sonoros batacazos- que el permitir que proliferen y tomen incluso en parte las riendas de sus organizaciones esos extremistas antidemócratas.

20030502. Ambigüedad de Llamazares sobre Cuba.

Yo rogaría a IU un poco más de rigor y seriedad, en el fondo y en la forma, porque, por una parte, denuncia las injerencias del clero en la política; pero cuando en un momento dado coinciden sus posiciones, no sólo le aplaude, sino que llega a pedir al Gobierno que se le dé, y nada menos que la medalla de una personalidad también tan ajena a su ideario como Isabel la Católica, al Papa Wojtyla. Vamos, que la primera vez que escuché la noticia creí que era una broma o una provocación de sus adversarios.

En la misma línea… curva, el señor Llamazares condenó, como hoy está obligado cualquier político democrático en España, las tan largas como injustas condenas de cárcel a los disidentes políticos en Cuba, y los tres asesinatos legales cometidos contra quienes querían simplemente huir de su tiránico régimen; pero se empeñó en calificarlos de meros accidentes, de “graves errores”, cuando hasta un niño sabe que no son abusos, sino usos que se deducen directamente de los principios y práctica del régimen castrista desde sus orígenes. Más aún, ahondando en su incoherencia, Llamazares se negó a participar –ni con delegados- en la manifestación de protesta al respecto, porque “podía ser manipulada” ¿No estaría más manipulada aún en su ausencia? Con ese ilógico miedo a reivindicar sus derechos – él, que tiene, con mucho, el récord de protestas en la calle- mejor es que se retire para conservar su pureza mental a un convento.

20031209. Por qué vence el PP.

Casi todos los días paso por delante de la sede central del PP en Madrid. Una noche tuve una pesadilla, en la que, al pasar por ahí, oía una voz autoritaria que comentaba: “Nunca conseguiríamos triunfar si, además de seducir a muchos pobres con promesas, moralina y supersticiones, no hubiera tantos pobres tontos que se creyeran ser los auténticos representantes de la izquierda precisamente porque nos dejan ganar con su abstención “castigadora” de los partidos de su bando –pero poco radicales o demasiado corruptos en su opinión-, en vez de tener el valor de enfrentarse y cambiar las cosas que no les gustan en las organizaciones que son la única alternativa real a nuestro gobierno, tan astutamente llamado popular.”