Política – Franquismo

20210206 Los peores ladrones.

             Los primeros ladrones se enorgullecían ante todos del botín arrancado con violencia a la tribu vecina. Después justificaron su expolio como guerra santa contra el infiel o contra los miembros de alguna peligrosa ideología política. Ladrones aún peores, han llegado hasta apoderarse incluso de bienes de sus mismos partidarios, disfrazándolo de agradecimiento por haberles librado de los “malos”, como ocurrió, entre otros, con el Pazo de Meirás.

              Dando un paso más en ese desvergonzado expolio, encontramos hoy que el partido de los descendientes de Franco consiguió el poder gracias a un sistema económico mafioso, pero cuyos dirigentes actuales, en vez de reconocerlo y devolvernos lo robado, pretenden seguir disfrutando de la herencia declarándose plenamente irresponsables, inocentes. Lo malo para ellos en que muchos de los demás no somos tan tontos como creen y nos negamos a ser “cornudos y, encima, apaleados”.

20201023 El Panteón de España.

                            Es de desear que se cumpla pronto la promesa de Carmen Calvo, que evite el que en ese punto se nos pueda tachar de patria ingrata, de retomar el tan preterido Panteón de Hombres Ilustres. Promete, en efecto, actualizarlo y mejorarlo hasta en su nombre, nombre, como “Panteón de España” que acoja y honre así también a las mujeres. Muchas mezquinas disputas políticas y hasta su situación, -céntrica pero poco visible, que podría mejorarse en parte -para explicar en parte su decadencia, tras su excelente comienzo y gran valor humano y artístico que ya tiene el monumento.

20191025 Los profanadores.

   Todos sabemos que el mentiroso y el ladrón se defiende jurando que los que mienten o roban son los demás. Como ahora los violentos y totalitarios en Cataluña llaman fascistas a quienes defendemos nuestros derechos humanos.

     Hoy los franquistas tienen el inmenso descaro de llamar profanadores a quienes aprobamos sacar los restos de uno de los mayores profanadores de la historia, que sacó de sus tumbas a muchos miles de muertos, lo que nunca hubieran querido ni ellos ni sus familias; y menos para su falsa política de paz… de los cementerios. 

      Nunca los hijos de la dictadura habrían llamado profanador a quien lo hubiera sacado para darle una sepultura aún más gloriosa, pero ahora protestan cuando se trata de quien fue enterrado ilegalmente -no fue caído de la guerra- y cuyo entierro con sus víctimas constituyó u una nueva profanación para todas ellas. ¿Se puede ser más miserable que estos remanentes de la más sangrienta dictadura que ha padecido España?

20191010 Una familia siniestra.

   Los parientes de Franco han pretendido reivindicar su derecho a enterrar al muerto donde ellos quieran. No cabe mayor desvergüenza, dado que el dictador enterró en el Valle a miles de personas contra el parecer de sus familias. Más aún, cuando ellos siguen impidiendo que muchos más aún, que bajo sus órdenes asesinaron y ocultaron en las cunetas, puedan ser enterrados decentemente por sus familiares.

    Tanto por incitar al odio entre los ciudadanos como por seguir viviendo de lo robado a un incontable número de españoles, bienes que en alguna ocasión han intentado exportar ilegalmente, esa siniestra familia y sus cómplices debieran haber recibido ya hace tiempo el castigo legal correspondiente.


20190712 Franco, nuestro mayor asesino y ladrón.

    Ese militar golpista declaró a la prensa internacional estar dispuesto a matar a media España para salvar a la otra media; más aún, siguió matando a sangría fría muchos años después de terminada oficialmente la guerra. Sin duda, cifras cantan aquí fúnebremente, Franco ha sido el mayor asesino de nuestra historia; incluso el mayor homicida, por las muchas docenas de miles de soldados o partidarios suyos que murieron debido a su impericia militar y a su menosprecio de la vida ajena.

      También, si no el mayor, -hay tanta competencia- ha sido un gran ladrón en nuestra historia, por las enormes riquezas que acumuló con malas artes, como se acaba de destapar en uno de sus manejos con el Pazo de Meirás; rapiñas de las que se pavoneaba, su pareja, “la collares” que tenía la desvergüenza de ponerse a la vez varios de los que robaba en las joyerías con el siniestro truco de desafiarles a que enviaran la cuenta a su marido.

       Vergüenza también el que medio siglo tras su muerte la mayoría de los ciudadanos y medios de difusión tengan miedo de denunciarlo y que el Gobierno encuentra tantas dificultades para poner al tirano en su sitio y reclamar a sus familiares y cómplices cuentas de sus complicidades políticas y sus descarados saqueos.

20180730 Ni Franco ni Cruzada.

                               Albert Rivera ha reconocido que un cementerio que contenga el cuerpo del dictador es muy difícil convertirlo en un monumento a la reconciliación. Máxime, añadamos, cuando se trata de un Franco que, con su ferocidad –“estoy dispuesto a matar a media España para salvar a la otra media”- fue el principal responsable de la muerte incluso de los de su mismo bando.

                              Tampoco en compatible con la justicia y la paz coronar ese cementerio con un símbolo religioso distinto o incluso contrario al profesado por parte de los muertos -de nuevo, en ambos bandos- y que simboliza como ninguno la justificación de la guerra y muertes por ser una Cruzada. Más aún, una cruz que constituye la mayor burla a la doctrina de Jesús, porque ningún cristiano auténtico puede usar el argumento, ya de las primeras Cruzadas, de que se podía matar musulmanes porque no tenían alma; con Franco, los republicanos, matados por él en parte con musulmanes que trajo a España, habrían perdido, condenado ya su alma. Esa blasfema cruz, si no se la destruye, podría convertirse en un monolito o una T que simbolizara de verdad a Todas las víctimas de una guerra tan incivil que, ahí están esos hechos, aún no hemos reparado.

20160702 Demócratas franquistas.

                                       En España, la gran mayoría hemos sido educados durante el franquismo o por profesores que fueron adoctrinados por él. Se nos inculcó, para que aborreciéramos,  que la libertad de expresión era la de poder gritar “¡Fuego!” en un teatro. Al morir Franco, huérfanos, no quedaba otra –era la moda necesaria- que ser demócrata, conversión que muchos hicieron  mantenido esa noción de que la libertad de expresión era ilimitada: es decir, son demócratas franquistas.

                                       Una prueba más, actualizada, la da la defensa que no pocos han hecho de unos titiriteros anarquistas que exhibían como normales o incluso debidas una serie de salvajadas. Argumentan que lo hacían de broma. Claro, como sería  gritar “¡Fuego!” donde no lo hay. Y, encima, a niños, todavía menos preparados  que los adultos de nuestro país a comprender la ironía, lo que exige una cultura y un relativismo cultural que las reacciones ante este escándalo han puesto una vez más de manifiesto por ambos extremos que todavía son bastante deficientes en nuestro país.