Política – América Latina – 2018

20181005 Bolsonaro, el Trump brasileño.

                      En vísperas de elecciones en Brasil, el ultraderechista ex militar Bolsonaro sube en las encuestas de menos del diez al treinta por ciento de intención de voto, subida atribuible en parte a un tan rechazable como contraproducente atentado que sufrió por ser racista, así como al de los hartos de la inseguridad ciudadana y los marginados del sistema.

                        De su carácter democrático da prueba contundente su afirmación de que no aceptará más resultado que la victoria. De su honradez, la reciente denuncia de que cometió distintos y graves delitos monetarios. De su concepción de la igualdad entre los sexos, su adjetivación a una periodista de “idiota”, a una diputada, de “vagabunda” y otra mujer de ser tan fea “que no mereces ni que te violen”; frase casi calcada de la de Trump a la que le acusó de abuso sexual hace muchos años en un avión comercial: que no la habría escogido como primera opción. Estas últimas ofensas han provocado masivas manifestaciones de mujeres en su contra, lo que aumenta las esperanzas de que no consiga, como si alcanzó Trump, el poder.

2018205 Ecuador, contra Gürtel.

                                En referéndum, los ecuatorianos acaban de dar un ejemplo de democracia al rechazar la reelección indefinida de presidentes que implantó Correa. Porque como bien dice el actual mandatario, Moreno,  “las autoridades eternizadas se hacen autoritarias, perfeccionan la corrupción y el nepotismo”.  Este resultado tendrá efectos benéficos en la región, en la que ya Morales vio rechazada su intención de continuismo y Maduro está intentando lo mismo con métodos sangrientos. Ojalá llegue también esa benéfica influencia ecuatoriana a España, donde padecemos otro y peor Correa, es decir, en alemán, Gürtel, que contribuye a eternizar –por miedo a lo que le puede pasar cuando deje el mando- a un presidente al que no hace falta calificar.

20180726 Nicaragua, de sueño a pesadilla.

                     Mújica es, con Mandela, uno de los pocos que, tras emplear la violencia para conseguir la democracia, no la traicionaron desde el poder.  Con su merecido prestigio, acaba de afirmar que se ha perdido el “sueño” sandinista, convertido en pesadilla. Trece países latinoamericanos han pedido ya el cese de la violencia de los paramilitares, que ha causado más de 300 muertos.

                        Sin embargo, el Gobierno español, minado por falsos “progresistas” que se aferran a un pasado hoy traicionado por Ortega, mantiene un silencio cómplice sobre Nicaragua. Lo mismo cabe decir, a pesar del tan meritorio esfuerzo de la jerarquía católica nicaragüense por restablecer la paz, del Estado Vaticano, enquistado como tantas otras veces en unas declaraciones diplomáticas que contrastan trágicamente con la cada vez más inhumana situación. Que cada cual asuma ya, como debe, sus responsabilidades.