Justicia – 2002

20020102. Jueces justos.

                                 El euro empezó en España ligado a una protesta tan grave como justa y necesaria. En el momento en que sonaban las campanadas de Nochevieja en el reloj de la Puerta del Sol de Madrid vimos por televisión aparecer entre el público unas pancartas amarillas: “JUECE$ corruptos, no”; es decir, con la última “e” convertida en un símbolo del euro, y la “s” en el símbolo del dólar. ¡Ojalá el año próximo podamos tener la fiesta en paz, habiéndose puesto en marcha una seria y urgente renovación que disminuya la hoy tan mayúscula distancia entre la Justicia y la justicia!

20020109. Juez deprimido.

    Repitiendo el mismo desvergonzado truco que el narcotraficante usó para escaparse de la Justicia con mayúscula, uno de los jueces que firmó su libertad sin leer siquiera el expediente ha hecho correr la voz de que -¡el pobre!-  “está muy deprimido”, para intentar así huir de la justicia auténtica.

      Aquí lo único que está realmente deprimido y deprimente es la justicia, y su única cura es sanear ese grupito de jueces que se amparan unos en otros para que no se les pueda aplicar la ley por sus fallos y corrupciones.

       Hay que romper ese círculo tan vicioso que gangrena nuestra administración de Justicia, con medidas democratizadoras como la elección popular de los fiscales, como en los Estados Unidos, el juicio con jurado de los delitos cometidos por los jueces o bien otras cautelas equivalentes.

20020111. Reformar la Justicia.

                  “¡Basta ya de terrorismo judicial!”. ¿Tendremos que salir espontáneamente a la calle los ciudadanos de a pie para acabar con ese terrorismo generalizado, que potencia incluso otros terrorismos, al liberar a terroristas de ETA, narcotraficantes, asesinos y maltratadores de todo tipo, aterrorizando hasta a las organizaciones que debieran liderar nuestras reivindicaciones por una sociedad justa?

                   No se trata ya de echar a tal o cual juez. El que conjunta, coaligadamente, en las más altas instancias de la magistratura, y por individuos tenidos por “buenos” (¡!), se haya podido durante tanto tiempo realizar actos tan negativos, hasta la traca final de barbaridades que acompañó  a la liberación del narcotraficante “el Negro” y, después de constatar la fuga de éste, la liberación de su cajera, muestran que el problema no es ya sólo de personas individuales, sino de un sistema judicial tan alarmantemente caduco que permite tales desafueros.

               Hay que reformar a fondo, modernizar, hacer eficaz y democrática la justicia, poniéndola a la altura, por lo menos, de los países de nuestro entorno; y acabar de una vez con la triste herencia de autoritarismo, corporativismo e impunidad que hoy de tantas maneras, no sólo con dinero, todavía corrompe la “Justicia” española, dañando gravemente nuestra convivencia.

20020116. Jueces injustos.

                           En Italia, los jueces, en su larga campaña contra la corrupción, acaban de hacer un masivo plante contra el Gobierno de un impresentable Berlusconi; y en   Francia, un destacado juez que investigaba la corrupción gubernamental acaba de dimitir para protestar contra las intolerables presiones a que éste le ha sometido.

                            En España, en cambio, una judicatura aún tan predominantemente servidora del poder, y un fiscal ultraconservador y fiel colaborador del Gobierno como lo es Cardenal puede hoy querellarse con gran apoyo ciudadano contra unos jueces “renovadores” tan impresentables, por corruptos o al menos por sus nefastas resoluciones y  su  confesa falta de profesionalidad a su deber –“firmamos sin enterarnos del contenido de nuestras resoluciones”- que, tanto ellos como su grupo, que corporativistamente les apoya, desprestigian aún más a una Justicia de cuya reforma pretendían ser los protagonistas. Con ese panorama ¿qué esperanza nos queda a los ciudadanos de obtener una justicia auténtica en nuestro país?

20020121. Andersen y los jueces.

                     A la tercera va, debe ir, la vencida. Porque, aun siendo la mayor y más escandalosa, la corrupción de la auditora Andersen en el escándalo de la quiebra del gigante Enron no es un accidente aislado; el mismo año pasado fue repetidamente sancionada y tuvo que pagar dos multas de nada menos que 110 y 220 millones a los perjudicados por sus “deficientes” auditorias.

                       Aquí, en España, una empresa con credibilidad suficiente –y no elegida por Andersen, aunque, como es lógico, ella deba pagarla- debería revisar sus auditorias en estos últimos tiempos. Si Andersen no tiene la mínima honestidad de promover ese procedimiento –comportándose algo así como esos jueces que no tuvieron ni la dignidad de inhibirse, tras sus enormes fallos y reconocer que incluso firmaron sin leer- nuestro Gobierno debiera obligarle a realizar esa elemental medida para limpiar su imagen, cuya omisión la haría aún más sospechosa de corrupción, delito que, -por ser la esencia misma de su oficio, como el de los jueces, evitarla-,  resulta en una auditora doblemente dañino, culpable y punible.

20020207. Justicia por casualidad.

                                      Es un momento importante para el posible triunfo de la justicia éste en el que parece abrirse una brecha en la vergonzosa impunidad corporativa de la Justicia con mayúscula. Hoy, cuando, tras enormes dificultades y vacilaciones, quizá vayan finalmente a tener que pagar algo de lo que deben unos jueces que: 1) liberaron a un peligroso narcotraficante internacional por una fianza ridícula 2) Incluso antes de que la pagara 3) Confesando descaradamente, dos de tres de ellos, que ni leyeron la resolución que firmaron 4 ) Intentando, sin pudor ni inteligencia, echar la culpa al tercer juez y al técnico que hizo el informe 5) Sin inhibirse después ninguno de juzgar un caso en que ellos eran ya los más notorios implicados.

                                      El que, tras ese tremendo escándalo, una importante minoría del cuarenta por ciento, compuesta por los autodenominados “jueces por la democracia”, de tendencia “progresista”, a la que esos jueces implicados pertenecían, haya votado –“por motivos técnicos”, claro- en contra de su enjuiciamiento, demuestra el triste estado en que se encuentra todavía la democracia y el progresismo; como la evidente y hasta oficial intervención de la política en el grupo mayoritario de la Justicia que ha impuesto el enjuiciamiento muestra que los otros actúan también prioritariamente por intereses muy distintos a los de la justicia de verdad, que, sin embargo, como subproducto poco o nada deseado ni por uno ni por otros –¡de tan bajo y lamentable nivel habría que partir!-, puede tener ahora una nueva e importante oportunidad.

20020213. Jueces aplaudidos.

La solidaridad con los compañeros sancionados por una serie de faltas en un gesto humano apreciable. Pero la exhibición ante las cámaras de televisión por parte de tantos miembros de la Sección IV de la Audiencia Nacional de besos, abrazos y aplausos (¡!) a quienes han cometido tan graves, evidentes y confesos errores es un desafío y un insulto a toda la sociedad española perjudicada por ello, y muestra hasta qué punto está corrompida una parte de la judicatura.

20020325. Delincuentes falsos insolventes.

      Los jueces se muestran cada vez más reticentes a declarar al Estado responsable civil subsidiario. Nada más injusto, en efecto, que el que todos –jueces incluidos- tengamos que pagar por delincuentes que escapan a sus responsabilidades declarándose insolventes. Son ellos los que deberían ir pagando, hasta con el embargo parcial de sus sueldos futuros, los daños causados. Incluidos los cargos públicos que son multados y hoy se escapan riéndose al pagar esas multas con dinero público. “Cada palo que aguante su vela”.