Justicia – 2001

20010217. Reforma de la Justicia.

                                         “¡Justicia! ¡JUSTICIA!” Es el último recurso de la democracia, incluso de toda civilización. Y, sin embargo, es el organismo que hoy funciona peor en España, según juzgan los mismos ciudadanos, que lo padecen en sus carnes. Por eso es de aplaudir el que por fin un gobierno se enfrente a su reforma, esté dispuesto a meter dinero, aunque sea todavía poco, y tomar otras medidas, aunque sean manifiestamente mejorables. Ahí, más si cabe que en otros campos, se requiere un serio pacto de Estado, que abarque los puntos esenciales de la reforma, entre las distintas fuerzas políticas. Es de justicia.

20011003. Corruptores de derecho.

              Parece un chiste de humor negro: algunos de los que profesionalmente están dedicados a enseñar el Derecho en la Universidad Complutense se han dedicado pública y notoriamente, durante años, a enseñar la corrupción, al dar clases en otras instituciones a pesar de cobrar por tener dedicación exclusiva con ese centro educativo. A poca justicia que haya en nuestro país, no debe bastar con que, expuestos por fin a la vergüenza pública, renuncien a sus empleos, sino que deberían devolver los dineros recibidos por su corrupción y pagar las multas correspondientes. También deberían ser sancionadas conforme a derecho las autoridades que no vigilaron como era su deber, ni siquiera tras haber recibido algunas de ellas denuncias de tales hechos. E impartir justicia en tiempo debido, antes de que la tardanza origine en la ciudadanía una sensación de que reina la impunidad, lo que, como hemos visto en otros casos, fomenta como pocas cosas la delincuencia a todos los niveles.

20011230. Justicia o jueces.

“Médico, cúrate a ti mismo”. En defensa de la justicia de verdad, la que nos hacen escribir minúscula, hay que hablar claro de la Justicia. Con triste continuidad, las encuestas en España la suelen poner como la institución más desprestigiada ante los ciudadanos. Y no podrá tener una mayor credibilidad mientras los jueces no apliquen la ley a otros jueces al menos con la misma severidad que a los ciudadanos corrientes.

   Hoy, por desgracia, ocurre todo lo contrario: el corporativismo de las togas prevalece demasiadas veces a costa de la justicia auténtica. Cifras cantan: y en la cárcel encontramos proporcionalmente muchos menos jueces que incluso políticos o banqueros, a pesar de los vergonzosos e indignantes “méritos” que para merecerla han hecho no pocos “servidores de la Justicia”.