Economía – 2005

20050222. Hoteles y pisos.

Pocas cosas pueden poner mejor al desnudo la verdadera situación del sector que las recientes y sorprendentemente francas declaraciones de uno de sus principales empresarios, (quizá sería más exacto calificarlas de descaradas, propias de quien tiene la sartén por el mango y puede decir lo que quiera), afirmando que hay que poner mucho empeño para conseguir perder dinero en el negocio de la hostelería. A pesar de ello o, mejor dicho, precisamente por eso, los hoteleros ponen el grito en el cielo contra cualquier aumento de la capacidad de alojamiento hotelero, para seguir explotando su abuso monopolio a costa del resto de la ciudadanía. Es el mismo problema, a escala global, el que encontramos respecto al precio de la vivienda privada, donde se dan las ganancias más abusivas e inmerecidas gracias a una escasez artificialmente fomentada del suelo, con la complicidad de demasiados políticos.

20050307. España hipotecada.

 “El que no chilla, no mama”. España, uno de los problemas principales, como reconocen las encuestas y siente nuestro bolsillo, es el de la vivienda. Pero la verdad es que esa media España hipotecada, que son, de modo particular, los jóvenes, no se mueve ni para defender ese derecho fundamental. Las distintas manifestaciones que, tan tarde, han empezado a realizarse en las grandes ciudades, reúnen sólo a un pequeño número de los afectados. Con una conducta poco edificante desde el punto de vista moral, y demasiado edificante desde el punto de vista arquitectónico, muchos partidos y sindicatos que debieran haberles apoyado desde el principio, están ausentes, preocupados en luchar contra las acusaciones de corrupciones inmobiliarias de sus propios dirigentes.  Es de admirar, pues, la jugada maestra de quienes así han conseguido seguir teniendo la sartén por el mango “en plena democracia”. Los jóvenes y los pobres no pueden protestar porque están hipotecados hasta las cejas y no pueden “perder el tiempo” y arriesgarse en esas cosas; y los teóricos defensores de sus derechos ciudadanos y sindicales están también atrapados, con cadenas doradas, en el otro lado de la misma red.

2005. Gánster chileno.

                           A mí me avergüenza mucho que se encarcele ahora a Pinochet y vaya a perder poder social y ser condenado –con sus más íntimos- por sus delitos fiscales. Se repite en Chile, a escala de todo un país, lo ocurrido en Chicago, donde un ciudadano fue condenado y murió en la cárcel, no por sus conocidos chantajes, secuestros, torturas y asesinatos, sino porque ese ciudadano, el gángster Al Capone, defraudaba a Hacienda.

                           Según se ha observado, esto prueba por los hechos hasta qué punto prevalece en nuestras sociedades el valor del dinero –y del dinero que manejan los de arriba- sobre los derechos de las personas e incluso la misma vida humana. Se aplica, pues, en Chile también, y en un aspecto no directa y oficialmente económico, reconocido, la doctrina de la llamada Escuela de Chicago. Recordemos que un conocido diario de esa ciudad entrevistó entonces a Al Capone, pero, a pesar de su indudable interés, ese reportaje no ha sido publicado sino hace poco, porque la exaltación patriótica que mostraba el gángster respecto a América, como país de oportunidades y de libertad de empresa, se parecía demasiado a las editoriales de ese diario norteamericano.

20050830. Consumidores abandonados.
 
                           A lo largo de los años me he inscrito en dos de las principales asociaciones de consumidores a escala estatal… y he tenido que dejarla denunciando en la prensa sus malas prácticas. Ambas han demostrado no tener interés por defender mis intereses, proponiéndome una de ellas incluso un contrato de pago de cuotas por banco sin especificar la cantidad, “uno de los abusos contra los que yo he venido a inscribirse a ustedes”, según indiqué a su secretaria, que tuvo el pudor de sonrojarse y balbucear que estaban pensando en cambiar esa cláusula.

                          Hay almas piadosas que intentan defenderlas diciendo que tales asociaciones se preocupaban más de los problemas generales de los consumidores. Aunque esto fuera cierto, eso no justificaría estafar a sus socios. Y ese menosprecio de socios –y de su apoyo y cuotas- les hace depender de subvenciones que acaban arruinando su independencia.

                          Por lo demás, tanto ellos como no pocos “tontos útiles” intentan minimizar las críticas que se les hacen como provenientes de personas que no comprendemos la importancia de tal tipo de asociaciones, cuando nuestra denuncia proviene precisamente del interés que tenemos en que esas asociaciones no degeneren, no sirvan a otros intereses, como hemos visto, por ejemplo, en los Estados Unidos.

20050909. La Compañía Auna estafa.

                          Incompetentes o desvergonzados, los de la compañía telefónica Auna se empeñan en seguir cobrando unos servicios inexistentes, pues hace meses que no utilizo y me di de baja por fax. ¿A qué espera el Gobierno para actuar de oficio y poner las sanciones correspondientes a lo que el Código Penal califica claramente como delito de estafa, y que esa compañía telefónica practica masivamente, como vamos sabiendo gracias a la prensa libre que publica nuestras denuncias?

20050909. Ni vivir ni morir campesinos.

                           “Los campesinos no deben ni morir, ni vivir”. Esta frase de un economista “clásico” corresponde a una época en que los libros podían ser mucho más claros, más descarados, porque sólo sabía leer la clase dirigente; llegándose a matar a quien enseñaba a leer a un esclavo, clase imprescindible, como declarara solemnemente Platón, para que pudiera florecer la cultura… ateniense. Mas cerca de nosotros, los manuales de historia del mercantilismo abundan en frases complementarias: “Ellos trabajarán, nosotros disfrutaremos” o “Es una pena que la civilización exija que mueran un cierto número de los que nos proporcionan esas comodidades”; no demasiados, claro, porque se acababa el negocio.

                               Todo esto puede parecer muy lejos de nuestras preocupaciones, diez o veinte veces menos agricultores en nuestros países de hemisferio Norte, y una mortalidad profesional en descenso. O eso es lo que nos quieren hacer creer, cuando las nuevas gallinas, mas gorditas, estrictamente entabuladas, ponen aún más huevos más grandes. Sin embargo, si tampoco deben morir, puede dudarse que su vivir sea mucho mejor en muchos sentidos. Porque para evitar que puedan ahorrar, decidir, rebelarse quizá contra quienes así les usan y abusan, se ha perfeccionado mucho el modo de quitarles lo que producen, con la nueva religión, necesaria para salvarse y no ser un paria, de un consumismo exasperado, inducido por una propaganda exacerbada, o extraído por la fuerza por otro, como la subida de la vivienda y otros productos de primera necesidad –salud, alimentos-, que obligan a trabajar sin descanso y sin libertad de pensar o decidir rebelarse contra los contratos temporales o basura, los precios abusivos, los políticos corruptos, las leyes injustas. Hay que pasar de todo para conservar todo lo que ya tiene. Esto explica el “pasotismo” de los jóvenes respecto al fondo de sus mismos problemas, el triunfo de una peculiar forma de libertad… de mercado.

20051015. Evangelio del oro, ahora negro.

                                 Sin duda, no la inventamos, pero nadie nos quitará a los españoles el haber “modernizado” y empleado masivamente en la Época Moderna la guerra ideológica. Recordemos aquella célebre requisitoria emplazando a los indios a plegarse ante la buena nueva cristiana, ya que Dios, confirmado por el Papado, había escogido a nuestro pueblo para esa sagrada misión de imponer el cristianismo.

                                  Por supuesto, como confiaba Colón a los Reyes Católicos, Dios recompensaría su celo evangelizador, ya que esos países, cercanos al Paraíso, nadaban en oro, ese metal “con el que se puede sacar hasta las ánimas del Purgatorio” haciendo decir misas, añadía el piadoso navegante.

                                  La historia se repite y, aprendiendo América la lección, desde allí se busca hoy propagar la buena nueva, la cruzada por la civilización y la democracia, en las fabulosas regiones cercanas al Paraíso y a las Indias de verdad, regiones llenas también de preciosísimo oro, ahora negro, incalculable riqueza que permitirá también funcione a pleno rendimiento, como una confirmadora bendición divina, nuestra maquinaria social actual. Dios, con acento ahora americano, como mucho antes judío –en una admirable síntesis de ambos acentos- encomienda también los débiles indios orientales a los cuidados del nuevo pueblo escogido, que empleará como España para realizar su sagrada misión a los nuevos esclavos negros y mestizos, en su ingente tarea de inculcar sus valores a los paganos, aunque para ello haya que hacerles la guerra, torturarles, despojarles de las riquezas que estaban empleando para el mal, etcétera. Una adaptación tan perfecta a lo que los españoles empleamos en América que podríamos reclamarle a Estados Unidos regalías por esa descarada copia de nuestra clásica patente… de corso.

20051204. Euforia explotadora.

                          Podemos tener una idea más clara del tipo de democracia de que disfrutamos si recordamos que el diario más difundido de la capital no ha tenido empacho en titular a toda página, en papel de lujo, como “Cinco años de euforia” el “lustro de escalada” de coste de la vivienda y de las hipotecas. Hemos entrado de lleno en el reino de lo que llamaba “las plutocracias occidentales” el Caudillo de la “democracia orgánica”.

                       Hemos realizado, pues, un progreso bien relativo, máxime si tenemos en cuenta que la mayoría de los españoles bajo ese nuevo yugo contribuyen eficazmente a mantener un sistema que cada año condena más millones de seres humanos a la miseria permanente y hasta la muerte por hambre: seis millones este año, según datos recientemente hechos públicos. Es imposible concebir una mayor euforia a escala mundial.