Ecología – 2004

20041025. Toro exportado.
                            A pesar de obvias dificultades y tropiezos, las relaciones con China son cada día más importantes, y deben serlo en todos los ámbitos. En el cultural,  Barcelona y  ahora Madrid han recibido una interesante muestra de las estatuas funerarias de los guerreros de Xian, fabricadas para defender en el más allá al primer emperador chino; su valor artístico no debe ocultarnos su profundo significado sociológico de lamentable servilismo, incluso póstumo, supersticioso, a un poder basado sobre la violencia más descarnada, militar; tanto más cuanto que ese sistema multimilenario sigue vigente en un país dominado por un régimen que –ideologías, superestructuras aparte- está fundado en la conquista militar de su propio territorio. La contrapartida “cultural” de España tampoco es muy edificante. Lo han comentado profusa y laudatoriamente nuestros medios de difusión, a pesar de que la mayoría de los españoles hemos expresado ya repetidamente en las encuestas nuestro fuerte rechazo a esa barbarie de otras épocas, que la España más negra intenta aún potenciar como símbolo de su oposición a un mundo sin violencia. Hemos exportado, sí, a China, para vergüenza nuestra… una corrida de toros. ¿Sabremos todos los humanos edificar una cultura que, lejos de exaltar, abomine la violencia, el menosprecio de la vida y el derramamiento de sangre de personas y animales?

20041025. Toreomanía.

                                Después de insistir repetidamente en la importancia de nuestras relaciones con China, EL PAÍS coloca laudatoriamente en el lugar más visible de la primera página del día de mayor tirada una foto en colores a tres columnas de una corrida de toros. Algo realmente muy fuerte cuando, a pesar de los esfuerzos de intereses bien conocidos, la mayoría de los españoles rechazamos cada vez con mayor energía ese rezago de un bárbaro pasado, tan castizo y vergonzoso como la Inquisición, con la agravante de que el toreo todavía subsiste y que es agitado hoy como símbolo de una nueva y hoy absurda “Reconquista” por la España más negra. Dando, por supuesto, la noticia, quienes deseamos un futuro mejor para nuestro país, en el doble sentido de la palabra, hubiéramos deseado que el pie de foto de EL PAÍS fuera al menos el de EL ROTO del pasado sábado, quien, reproduciendo la imagen de un torero, comenta que “Cada país llama cultura a sus manías”

20040913. Valor encierro.
                                    Un tertuliano en la radio ha tenido el “valor” de pretender justificar las dos últimas muertes en los encierros, pues eso es lo que significa en definitiva el aprobar esa bárbara “fiesta”, afirmando que siempre habrá quienes pongan en juego su vida. A estos auténticos “predicadores de la muerte” hay que decirles que es muy distinto el que algún realmente desgraciado juegue a la ruleta rusa, y otra el que se fomente esa conducta como divertimento y prueba de valor, montando una especie de barraca de feria del tiro al blanco con unas pistolas así cargadas a disposición del público. Y también, a la raíz del problema, hay que cambiar un sistema de relaciones sociales que suscita en un número creciente de personas el menosprecio por su propia vida, moviéndoles a hacerse “novios de la muerte”, si no ya como legionarios, con esas prácticas de riesgo, que algunos fomentan en nombre de la “libertad”.

20040408. Toros totem.

                               Entre los ataques a la declaración del Ayuntamiento de Barcelona en favor de abolir las corridas de toros destaca, por su elocuente claridad, el de Manuel Alcántara. Compara en su artículo estas corridas a cierto tipo de religión: “El ritual sacrificio del tótem de Iberia es una ceremonia religiosa”. “Amo a los animales” pero “gracias a Dios, tengo contradicciones /…/ no quiero tener razón. Con la razón no se va a ninguna parte”. De hecho, sí: con ese tipo de religiosidad totémica, con ese gusto por la sangre derramada, hemos ido durante siglos al degüello de nuestros mismos semejantes, guerras civiles y, hoy mismo, el más despiadado terrorismo.

                               Yo sí aspiro a ser un “animal racional”, respetar a los irracionales, e incluso a quienes hacen gala y propaganda de comportarse así, como el señor Alcántara, quien, según afirma él en ese mismo artículo de Carod-Rovira (se ve más la paja en ojo ajeno), “no dice más que cosas raras”, e incluso nocivas para fomentar una sociedad realmente racional y de auténtica convivencia, al aplaudir espectáculos tan bárbaros, crueles y sangrientos como las corridas de toros. Ya es hora que estos señores se sumen a la gran mayoría de los españoles, que ya no merecemos el reproche de Machado de usar la cabeza sólo para embestir; acción del toro que recuerda con morbosa envidia, Manuel Alcántara, y que lo imita muy mal, pues este bello animal sólo embiste contra quien le amenaza, y no por un sádico deleite, como estos trasnochados taurinos, reliquias de un pasado que con tanta dificultad estamos superando, para bien de los mismos que lo lamentan.