Derechos Humanos – 1998

19980124. Protestas que dañan mucho a terceros.

La cosa está clara. Aunque, en principio, tuvieran razón -lo que es muy dudoso, dado los medios a los que acuden- la pierden al emplear la violencia, la retención, incluso por horas, de un número masivo e indiscriminado de víctimas inocentes de sus desmanes. Ya sean agricultores, mineros o taxistas, en carreteras o en vías urbanas, en los últimos tiempos demasiados represen­tan­tes indignos de esos gremios están causando perjuicios, a veces graves, a los ciudadanos, que el Gobierno no debe tolerar. Que empiecen esos desaprensivos por respetar a los demás si quieren que se respeten sus reivin­dicaciones.