Deportes – 2021

20210709. Mejor fútbol, más goles.

    No se trata de ningún invento raro, sino de volver al primer fútbol, el de diez jugadores, sin condenar al peor, pobre suplente (como el papa Francisco y un servidor), a tirarse por los suelos y dañarse los huesos de por vida (“la enfermedad del guardameta”). También sufren los “defensas”, que además demasiadas veces emplean un juego muy duro, cuando no sucio, que perjudica a todos jugadores y al deporte. Esto aumentaría mucho el número de goles, como en el béisbol, y con eso el interés y belleza del fútbol.

     Para mejorar todo ello, bastaría, como antes, equiparar a todos los futbolistas, sin “defensas” y ampliar el área de penalti. Así se mostraría la destreza de su ejecutor, sin que intervengan como hoy otros factores que, con frecuencia, máxima en la tanda final de penaltis en los hoy frecuentes empates, hacen depender la victoria de la suerte y no del mérito futbolístico, como acabamos de ver en recientes resultados sangrantes.

20210510. Españoles contra Alonso.

                                            Un periodista destaca en titulares el que muchos españoles celebran el nuevo descalabro del piloto Alonso, que no gana desde 2013. Después detalla varias y potentes razones para ello: su insoportable orgullo de ser el mejor, su mal humor de frustrado, su poca deportividad al hablar de sus colegas, su recurso constante en sus fallos a la marca del coche -cuando otros ganan con la misma, como ahora-, o a ser, el “pobre” Alonso, víctima de una mala suerte que otros da la casualidad que no tienen, etc.

                                            A esa tan lamentable lista habría que añadir un motivo cada día más importante: junto con su propaganda mercenaria de la droga que más mata en el mundo, el tabaco, la que también hace para ganar aún más con esas carreras de coches, lo que invita a no pocos descerebrados a morir y matar a otros corriendo ilegalmente, así como el fomento del uso innecesario de un vehículo que contamina y mata a incontables personas en el mundo. Sobran, por desgracia, las razones para detestar el funesto ejemplo que de tantas maneras encarna Alonso.