Comunicación y Censura – 2003

20031126. Pantallazos impuestos de anuncios.

                 La degradación de nuestra democracia se pone de manifiesto en la corrupción, no sólo de los políticos, sino de otros poderes del Estado. Incluso el llamado “Cuarto Poder”. La falta de respeto al público, incluso a sus mismos clientes, los lectores, ha llegado al extremo de que algunos periódicos imponen, a quienes consultan sus páginas en Internet, un anuncio que, a diferencia de lo que mantienen otros medios más educados y respetuosos con su público, ocupan la pantalla entera y no pueden ser eliminados siempre con un movimiento del ratón. Vaya desde aquí mi más enérgico repudio a esa práctica abusiva y grosera, a quienes la emplean y a los que se anuncia de ese modo tan avasallador. Hagámonos respetar, o mereceremos ese trato.

20031103. Príncipe, princesa televisiva y Urdaci.

                             Hay algunos que, en su defensa de ciertas instituciones (en realidad, de su medro personal en ellas), les hacen mucho más daño que beneficio. Así, en una sociedad democrática, los que doblan el espinazo hasta el ridículo ante la realeza, alimentando la principal objeción actual contra ella: ser tan incongruente con la igualdad proclamada por la Constitución.  Porque hemos asistido, entre divertidos e indignados, al previo, público y aparatoso “coronamiento” de la futura princesa Letizia Ortiz como la mejor periodista existente, e incluso por venir, (“de esas que aparecen cada quince o veinte años”), en la tan oficial TV1 -y después de hacer proyectar, como no, una secuencia del Príncipe saludándole a él mismo- por parte del periodista A. Urdaci.

                             Sí, se trata del mismo personaje que ha sido culpable de la primera condena a TVE por parte de la Justicia por su enorme parcialidad informativa, y que ha demostrado, sin querer, la justeza de esa condena hasta con la misma manera engañosa y torticera que ha tenido estos días ese condenado Urdaci de leer ante la pantalla chica el escrito de reconocimiento de su gran, vergonzosa falta de ética y de profesionalidad. Es posible que la Casa Real no haya podido evitar el que la futura princesa haya colaborado tan de cerca, y casualmente en estos últimos tiempos en que ya estaba relacionada con el príncipe, con vasallo tan poco ejemplar; pero de lo que no cabe duda es que poco prestigio recibirá tampoco ahora L. Ortiz por esa interesada recomendación por parte de tan poco recomendable y servil súbdito, tan obviamente interesado en ser “La Voz de su Amo” de la Corte, como ya, por medios tan legalmente condenables y condenados, recordémoslo, lo es del Gobierno.

20031001. “Pesetas viejas” y otros dislates.

                               Por el tan castizo “sostenerlo y no enmendarlo”, y a pesar de las denuncias de los expertos, persisten en ciertos medios de difusión lo que bien podríamos llamar “desastres lingüísticos”, al contrario de los denominados “desastres humanitarios”, que parecen querer añadir a los desastres humanos los de la incultura al describirlos.

                               Recordemos otras barbaridades semejantes, tales como la incluso matemáticamente errónea expresión que describe a UGT y CC.OO. como “los dos sindicatos mayoritarios” –por lo que, juntos, tendrían, el 102 o más de los trabajadores sindicados-; necedad tan antigua que ya ha tenido hasta un hijo digna de ella: acabo de escuchar por radio mencionar al PP y al PSOE como “los dos partidos mayoritarios”.

                               Más reciente, pero ya muy difundido, está, tras citar una cantidad en euros, el hablar de su equivalencia “en las antiguas pesetas”; como si hubiera habido “nuevas pesetas”. Existieron, sí, “nuevos francos”, de donde pudo provenir –como galicismo- ese error, propagado, como desliz freudiano, por una inconsciente y tonta vergüenza al recurrir a esa medida económica del pasado para calibrar mejor el valor económico actual de un objeto o servicio.

20030829. Anuncios.


                                Vivimos en una sociedad de mercado, en la que los anuncios forman una parte creciente de nuestras vidas, por lo que es necesario una adecuada regulación de los mismos. Máxime en los medios auditivos, como es la radio, en los que, al revés que en los visuales, como la prensa, debemos “tragarnos” todo el mensaje si no queremos perder el contacto con el mismo.

                                Esto plantea, de entrada, el problema de la repetición: quien escucha a diario, como es corriente, el noticiario de una determinada emisora, se ve condenado a oír 50, 100, 200 veces o más incluso el mismo anuncio que, aunque estuviera bien redactado, acabará causando hastío y rechazo. ¿Resulta esto tan difícil de comprender a los responsables de esa pesadez?

                                 A este problema general  añade a veces el carácter agresivo, irritante, exasperante incluso de algunos anuncios, como el relativo a –nunca mejor dicho- la distribución selectiva de basura, que ayuda en cuanto puede a deteriorar la relación entre los sexos, creando un sano deseo de cerrar tan insistente emisión de basura psicológica.

                               Otro tipo demasiado corriente de abuso inmoral de la publicidad es el de una marca de automóviles que emplea por radio un tono y “formato” de anuncio institucional de utilidad pública (“Se busca…”) para autopromocionarse; esperemos que su falta de ética profesional provoque el natural rechazo de los consumidores.

20030702. Anuncios inconvenientes.


                                Vivimos en una sociedad de mercado, en la que los anuncios forman una parte creciente de nuestras vidas, por lo que es necesario una adecuada regulación de los mismos. Máxime en los medios auditivos, como es la radio, en los que, al revés que en los visuales, como la prensa, debemos “tragarnos” todo el mensaje si no queremos perder el contacto con el mismo.

                                Esto plantea, de entrada, el problema de la repetición: quien escucha a diario, como es corriente, el noticiario de una determinada emisora, se ve condenado a oír 50, 100, 200 veces o más incluso el mismo anuncio que, aunque estuviera bien redactado, acabará causando hastío y rechazo. ¿Resulta esto tan difícil de comprender a los responsables de esa pesadez?

                                 A este problema general se añade a veces el carácter agresivo, irritante, exasperante incluso de algunos anuncios, como el que actualmente se emite sobre –nunca mejor dicho- la distribución selectiva de basura, que ayuda en cuanto puede a… deteriorar la relación entre los sexos, creando un sano deseo de cerrar tan insistente emisión de basura psicológica.

                               Otro tipo demasiado corriente de abuso inmoral de la publicidad es el de una marca de automóviles que ahora está empleando por radio un tono y “formato” de anuncio institucional de utilidad pública (“Se busca…”) para autopromocionarse; esperemos que su falta de ética profesional provoque el natural rechazo de los consumidores.

20030701. Libertad de expresión anulada.

                               Aznar dio, sin querer, la mayor confirmación posible en el debate del estado de la nación a la denuncia de un diputado por la amenazadora falta de libertad de expresión en España, al responderle que él podía criticarle (aún) en el Parlamento; debía compararlo al joven al que taparon a la fuerza la boca, pegaron y expulsaron del recinto de un mitin suyo por gritar un “No a la guerra”, mientras el mismo Aznar aprobaba, primero con sus gestos y después con sus palabras, ese modo de tratar al disidente.

                              Confirmación no menos elocuente de la gravedad de la situación fue el silencio desdeñoso con el que Aznar respondió a las acusaciones de ese y otros diputados contra la manipulación informativa en la Televisión pública y otros medios de difusión. ¿No acaba de decir su ministra de Asuntos Exteriores que es un “país libre” aquel en el que se clausura y condena por motivos políticos a periódicos, como en Marruecos? ¿No embistió una y otra vez con rabia en el mismo Parlamento Aznar contra la “oposición de pancarta”, ese modesto refugio de la libertad de expresión que queda cuando sus acólitos prohiben y multan a quienes todavía resisten a su creciente dictadura repartiendo folletos o pegando carteles en esta cada día más silenciada, y por tanto, anulada democracia?

20030625. Cartas a La Clave.

                               Celebré la aparición de LA CLAVE y le apoyé como un instrumento de defensa de nuestra tan débil y tan combatida democracia. En particular, aprecié en LA CLAVE, como un índice claro, geométrico, de su talante dialogante, su página de cartas a los lectores, aunque fuera una página par  y bastante interior, y no alcanza, como en países de nuestro entorno… más democrático, a las varias páginas y al principio de la publicación que dedica a sus lectores, por ejemplo, la revista TIMES.

                              Comencé a hacerme algunas preguntas cuando, en vez de ampliar ese espacio, LA CLAVE empezó a sustraerlo con la sección “Por preguntar que no quede” ¿Es demasiado dejar a los lectores un uno por ciento de las cien páginas de la revista? Es una pregunta que todavía no se ha hecho ahí, y convendría tener en cuenta.

                              La respuesta, desgraciadamente negativa para el diálogo, me la ha dado la nueva reciente disminución del espacio de los lectores: “Con gafas y a lo loco”… Parece que, más que al TIMES, LA CLAVE va camino de parecerse a TIEMPO, esa raquítica versión de “democracia a la española”, que dedica a las cartas de sus lectores ya sólo casi una cuarta parte de una página. “Obras son amores, que no buenas razones”.

20030623. Monarquía libre Marruecos.

                                  Por la boca muere el pez. Los periodistas y todos los demócratas rechazan la condena en Marruecos a Alí Lamrabet, y cierre de sus publicaciones por presunto “ultraje al rey”. Pero la ministra española de Asuntos Exteriores se abstiene por tratarse de “un proceso judicial en un país libre”. Revela así, sin querer, cual es su ideal de país libre, que su partido está consiguiendo construir también en España, cerrando asimismo publicaciones y hasta radios, del modo más violento y arbitrario, como estos días en Jaén. Vamos camino, como Marruecos, de conseguir el ideal de una “monarquía libre” formulado por el rey Jacobo I de Inglaterra: “aquella en la que el rey puede hacer lo que le da la gana”.

20030615. Anuncios torpes e incluso contraproducentes.


Vivimos en la era de la publicidad, que nos rodea por todas partes. Y no podemos menos de constatar que algunos anuncios, por falta de convicción o arte  de sus “creativos”- están tan mal hechos que no sólo resultan inútiles, sino que incluso incitan  a actuar en sentido contrario al que nominalmente están orientados. Cuando esto concierne a empresas privadas, es su problema. Pero indigna cuando es un tema de interés público, o incluso está pagado por la administración, es decir, por todos, como ocurre con ciertas campañas contra las drogas o el insufrible anuncio actual sobre la conveniencia de separar los residuos sólidos.

20030409. Chorradas programadas por TVE.

                             ¿Es España un pueblo feliz, o de infelices? Los pueblos felices no tienen historia; los infelices, se tragan sin protestar cualquier historia que se les cuente. Los hechos muestran en qué grupo nos clasifica TVE. El lunes 7 de abril, es decir, en mitad de una guerra que tanto nos perjudica, de unas próximas elecciones municipales, y de los mil problemas del mundo entero y de un país de 40 millones de habitantes, el noticiario del mediodía de TV1 nos “informaba” del “invento” de un panadero que, con dos bidones atados a una bicicleta, intentaba atravesar una charca, para caer ridículamente al agua.

                              El mensaje subyacente es evidente: “Todo va bien. Aquí no pasa nada importante”. Porque se trataba, insisto, no de un programa de diversión, sino del principal “informativo” de TVE. Claro está que, si tenemos en cuenta las demás necedades que TVE nos cuenta como si fueran lo que auténticamente sucede, ésta no desentona en esos (des)informativos, siendo todo ello lo que nos merecemos tragar este pueblo de infelices que -por lo visto en esa televisión- cree que somos ese medio de difusión estatal, cada día más desvergonzadamente gubernamental.

20030225. Protestas contra la guerra, censuradas.

                               El alarmante clima bélico ha tenido entre nosotros un inesperado efecto beneficioso. Cuando el instinto de propiedad y de conservación ha hecho reaccionar a muchos ante esa gravísima amenaza a nuestro nivel de vida y a nuestra vida misma. No pocos de ellos se han tenido que caer por fin del burro y tomar consciencia de la vergonzosa falta de libertad que ya padecemos, no pudiendo tener acceso, no digo ya a los medios de difusión, sino ni siquiera a repartir un folleto o poner un cartel en defensa propia. Además de una legión de policías politizados de todo tipo, un ejército de “limpiadores” y otros dependientes de la administración, convertidos por un mísero jornal también en censores y chivatos, nos arrancan de las manos o de los postes de luz nuestro modesto grito de defensa, y nos denuncian con siniestra rapidez y eficacia, con sus móviles.

                                Ya vimos como los serviles trataron a los “famosos” que denunciaron la guerra en un programa televisivo en directo –libertad de expresión hasta ayer hecha con toda normalidad- e incluso los cachearon indignamente cuando fueron como invitados al Parlamento. Y cómo al joven que, desesperado de no poder encontrar otro medio para defenderse, gritó: ”¡No a la guerra!”, le tapó literalmente la boca un político del PP, y fue apaleado y expulsado, teniendo el descaro Aznar de presumir de la “libertad” que todavía nos permite, ya que no lo fusiló como -añadió, perdonavidas-, hubieran hecho en Irak. Servil y cínico hasta el límite, su servidor Rajoy no tuvo tampoco empacho, en una apostilla que pasará a “la historia universal de la infamia”, en añadir que fue el joven el que impidió la libertad de expresión de Aznar. Si no aprovechamos los resquicios de libertad que todavía nos queda, como prueba la publicación de esta carta, mereceremos el triste destino que, como a su economía y vida misma, han deparado tantas veces las guerras injustas a los pueblos que no han sabido defender sus derechos humanos.