Animales – 2017

29170511. Estatuas ensangrentadas de toreros.

                              Ha sido muy desagradable el espectáculo que ofrecían al amanecer de este 11 de mayo las estatuas ensangrentadas de toreros muertos en el ruedo que están colocadas en los alrededores de la Plaza de Toros de las Ventas. Pero, tras ese instintivo rechazo inicial, hay que reconocer que apenas cabe un más eficaz recordatorio, por su misma crudeza, de lo que implica un espectáculo en que se tortura y sacrifica la vida, no sólo de toros, sino incluso de seres humanos; y todo eso sólo para satisfacer los más crueles instintos de muchos de quienes son sus verdaderos culpables, al pagar por divertirse viendo esas barbaridades, el poco “respetable público (cada cual se enorgullece de lo que carece).

                             La prueba irrebatible del perverso placer de esos taurinos  es que las plazas de toros se llenan tras la muerte de cada torero, en espera de ver morir al siguiente. Con razón, en una Encíclica papal, que no ha sido revocada, se condenaron esas corridas de toros, que fueron prohibidas en Italia, Portugal y otros países, mientras que en España, en el colmo de la hipocresía, los “piadosos” taurinos hacen celebrar misas por los toreros cuya muerte para divertirles han provocado.