África – 2004

20040724. Matan con armas españolas en Sudán.

                         “¿Son galgos o son podencos?” Mientras se sigue discutiendo en las altas esferas occidentales sobre si se puede calificar estrictamente de genocidio, o no, lo que está ocurriendo en Sudán, hay ya docenas de miles de muertos por las armas, y muy pronto, advierten las Naciones Unidas, centenares de miles de muertos de hambre, entre la cifra ya millonaria de desplazados civiles. Estas discusiones “bizantinas” ponen trágicamente de relieve la inhumanidad de nuestro sistema internacional, que clama con razón ante un número mucho menor de víctimas en otros lugares del planeta, pero silencia esa catástrofe diez, cien veces mayor… pero africana.

                               ¿Que hace nuestro Gobierno, que tanto se mueve en otras zonas del mundo? Aquí tenemos los españoles una responsabilidad especial, porque, según denuncia Amnistía Internacional, el Gobierno del PP ha estado enviando hasta principios del 2004 armas y municiones al Sudán, a pesar del embargo impuesto desde 1994 por la Unión Europea, contribuyendo así a esos asesinatos, desplazamientos forzosos y creciente miseria y muerte de hambre que hoy seguimos sin querer enfrentarnos y remediar como podemos y debemos hacer.

20040907. Indiferencia racista con Argelia.

     Los nazis, con un feroz racismo, mataron incontables personas de «razas inferiores», con la complicidad silen­ciosa, impersonal, del gas. Ahora, aún más cerca, otro exterminio indiscriminado de la población civil está pasando en silencio entre nosotros por un gas al que hacemos así económica, si no físicamente, cómplice de otro atroz genocidio, en Argelia.

        Esta contaminación letal de intereses económicos y prejuicios racistas nos está transfor­mando en una especie inhumana, sin sentimientos; e incluso irracional, incapaz de comprender lo que realmente le conviene a largo plazo. ¿Cuándo reaccionaremos, como hemos hecho ante tragedias de otros países, para frenar primero y resolver después hasta en sus raíces -incluso nuestras- esa marea sangrienta que, de lo contrario, acabará afectándonos tanto a nosotros mismos?

20040907. Manifestarnos por Argelia.

                                   Treinta (30) manifestaciones en otras tantas ciudades franceses acaban de exigir el fin de la interminable matanza de todos contra todos en Argelia. ¿Qué esperamos para emprender esa y otras medidas de presión respecto a ese país, aún más cercano para nosotros?

20040907. Luchan más contra preservativos que contra matanzas.

En épocas difíciles es un problema creer en una divinidad que sea, a la vez, bondadosa y omnipotente. Así, ante genocidios como los de Ruanda, dudan que exista tal divinidad hasta el 40% de los encuestados en Francia. Y lo mismo ocurre ante la magnitud, multiplicidad, frialdad y refinados tormentos de tantos asesinatos masivos en Argelia, observa A. Gluckmann.                            

Mayor desconfianza aún inspiran esos fariseos que reclaman estar hechos «a imagen y semejanza» de Dios, e incluso ser sus representantes, pero que se dedican más, según denuncia también Gluckmann, a luchar contra los preservativos que a intentar detener esas matanzas. Si acaso, representarían a la divinidad tribal personificada por Yahvé, que mandaba matar a todos, incluidos mujeres y niños, con un feroz fanatismo que imitan demasiado bien muchos judíos en Israel, tantos cristianos de distinto signo de ayer y de hoy, como los musulmanes integristas de tantos países.

20040907. Argelia, ejemplo del desequilibrio Norte-Sur.

                    Más cerca de muchos españoles que el resto de Europa, noche tras noche, un pueblo civil e inerme, incluidas mujeres y niños, es fríamente asesinado, con increíble ensañamiento, por docenas de millares, en Argelia.

                    Los culpables de esos monstruosos crímenes no son sólo distintos grupos argelinos que encubren sus intereses inconfesables incluso con el manto de la religión y de la soberanía nacional. Son también grandes intereses económicos y geopolíticos occidentales, que desean una Argelia débil y explotable; intereses que no podrían llegar a esos extremos sin la complicidad de nuestros pueblos, indiferentes -con inhumano racismo- a lo que ocurre el otro lado del Mediterráneo.

                    Ejemplo despiadado de la destrucción y muerte masiva que estalla cada vez más en África y otros países del Sur, (debida en gran parte, según reconocen ya los principales organismos internacionales, al creciente desequilibrio Norte-Sur) Argelia es otro gran hito sangriento hacia un futuro desastroso que hemos provocado entre todos; y que insistimos en querer ignorar, como si así pudiéramos conseguir que no nos perjudicara desde ahora también gravemente a nosotros.