Religión – 2021

20210219 Temen que sepan

       Su poca fe, su cobardía, le ha puesto al desnudo. Si realmente creyeran que es verdad lo que inculcan a sus hijos, no tendrían tanto miedo que otros le indicaran lo contrario. Ya el cardenal Cañizares pedía que se diera comunión a los cinco y no a los siete años, cuando los niños están ya “picardeados”, vamos, no son tontos. Hoy, con las nuevas tecnologías, pretender tapar el cielo y hasta la boca de los demás con la mano es no ya inútil, sino ridículo, como lo es el partido que grita ser el más español, pero se ha bautizado, a lo medieval, con un nombre latino, Vox.

20210219 Muy triste funeral de Estado.

                               Todos los funerales son tristes y más los de Estado, ya sea por el valor que se presume tiene el difunto o por la gran cantidad de muertos, como los de la pandemia, el 15 de junio de 2020.  Por primera vez este acto se ha realizado con el debido respeto a las leyes, lo que despierta esperanza de un futuro mejor. Porque han hecho falta que pasaran más de cuarenta (40) años de que nuestra Constitución del 29/12/1978 entrara en vigor (es un decir) para impedir que, incluso en un último acto público y oficial a los muertos, se lleguen a pisotear las creencias y voluntad de muchos difuntos; los ajenos o incluso adversarios del antievangélico catolicismo de cruzada aún imperante en la jerarquía española que se ha apoderado de su recuerdo cuando ya no podían defenderse.

20210219 Infierno, terrorismo mental.

                                         El cordobés dijo a Nerón: “Tu poder radica en mi miedo; ya no tengo miedo, tú ya no tienes poder”.  Veinte siglos después de Séneca, esto parece aplicarse a la tan rápida pérdida de poder de la Iglesia católica tras el franquismo, cuando la libertad de información y expresión ha hecho bajar a menos del 20% el porcentaje de los españoles que creen en el infierno, incompatible con un Dios bueno. Hasta un Papa ha tenido que decir que era sólo “un estado de ánimo”.   Algunos estudios sugieren que “el fuego que no se apaga” del Evangelio evocaba el sumidero humeante de las laderas bajo los muros de Jerusalén; vamos, una basura. Pero también un terrorismo mental que ha ensombrecido la vida de incontables generaciones.

20201220 Los obispos callan ante esta Navidad.

     Es verdad que los obispos reconocieron que era tentar a Dios seguir obligando a ir a Misa cuando el Gobierno restringió todas las reuniones por el coronavirus. Con mayor razón debieran hacerlo ahora, cuando no se trata ya de una celebración sacramental, de obligada asistencia para no sufrir una muerte eterna de tormentos en el infierno. Es sólo una cena laica, casera, familiar, en la que ni se suele rezar, pero que la pandemia puede convertir para muchos en la Última Cena.

        Quizá los obispos pretenden con su silencio conservar ese popular rastro de su influencia. Pero, si no por el amor al prójimo que predican, por propia conveniencia les conviene levantar todos de inmediato clara, su la voz para prevenir por este año, aún no vacunados, esa reunión.   Porque el así seguro notable aumento de enfermos y muertos en esa “celebración” hará disminuir mucho el número sus creyentes y simpatizantes, avivando en la sociedad un activo rechazo hacia unos “perros mudos” (Is. 56:10), todo lo contrario de Quien sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos.

20210219 Vivir como un obispo.

    La verdad es que “el bajo clero” ya no “vive como un cura”. Incluso en una famosa propaganda para reclutarlos en Madrid no se hablaba del salario, sino sólo de que era un empleo fijo de por vida. Hay que ser obispo o arzobispo para “vivir como Dios”. Así el arzobispo de Badajoz, una de las regiones más pobres, a quien los mismos eclesiásticos critican por su vivienda de lujo de 500 metros. Más aun que el cardenal Rouco, en lujoso ático de dos millones en Madrid. Se acerca al otro ático del numero dos del Vaticano, Bertone, pagado con dos millones provenientes del dinero para un hospital infantil.

      Es curiosa esa obsesión del “alto clero” por acercase al cielo físico. Quizá sea porque temen que en el Cielo serán precedidos por los publicanos y las prostitutas, como advirtió a algunos Jesús (Mt. 21, 25-32). Él los sacó de verdad y a latigazos del Templo, no con modestas denuncias como ésta, para que esos corruptos “sagrados” no sigan dando el pésimo ejemplo a otros jefes y engañando a muchos.

20210219 Sirenas y campanas dañinas.

       Un estudio de EEUU encontró que en el 93% de los casos no estaba justificado que las ambulancias usaran las sirenas, que dañaban al mismo auxiliado, haciéndole creer que estaba más grave y que causaban una grave contaminación acústica en la población. Hoy, en tiempos de pandemia, dañan psíquicamente a incontables personas; en particular, a todo el vecindario cuando se detienen, acrecentando su temor a tener graves contagiados o incluso muertos en su cercanía. También los bomberos debieran hacer un examen de conciencia sobre los abusos de su campana; aunque, en casos de incendio, sí sería útil que alertaran al vecindario inmediato al lugar del suceso (y no, como ahora, a media ciudad), para que tomen también las medidas oportunas.

20210205 El riesgo les hace parecerse.

                              Los antiguos decían: “Hay tres cosas de personas: las que viven, las que mueren y las que están en el mar”, dado lo azarosa que era entonces su situación. Todavía Sorolla titularía su famoso cuadro de un accidente marinero como: “¡Y luego dirán que el pescado es caro!”. Los militares han estado involucrados hasta hace muy poco en continuas guerras. Los políticos, incluso no tiranos, han vivido siempre con el temor a una espada física o política sobre su cabeza, como Damocles. Los ladrones y narcotraficantes, también, unos de otros y de la policía. 

                             Esa continua inquietud por su vida y fortuna ha unido a grupos en apariencia tan distinta en la búsqueda un seguro de vida y hacienda.  De uno de ellos nos habla el refrán: “Si quieres aprender a orar, métete en el mar”. De ahí la gran religiosidad de muchos militares y políticos, como la, tan escandalosa para los bien pensantes, de ladrones y narcotraficantes. Hechos muy probados de los que, si se tiene valor, se pueden sacar muy interesantes conclusiones. Como la del ministro de Economía Ullastres, del Opus Dei, que, angustiado por la conciencia del conflicto entre sus ideas religiosas y su profesión de economista, nos advirtió en pleno franquismo: “Si nos desarrollamos, creeremos menos en Dios”.

20210131 Fanatismo extremo e incongruente.

                                       En pleno siglo XXI, una ONG ha recibido insultos e incluso amenazas de muerte por protestar contra un mural en un hospital público sevillano que contenía propaganda religiosa islámica. Perdón, quería decir cristiana. Es decir, unas amenazas de violencia incluso incongruentes. Porque si el Corán predica la guerra santa, Jesús mandó meter “la espada en la vaina” al “vaina” -tonto en andaluz- que quería defenderle así.

                                      Todavía quedan en España demasiados que presumen de cristianos, pero cuyas obras muestran ser practicantes de la religión que impusieron durante ocho siglos -sobre todo en ciertas regiones- los pueblos islamizados, cuya última invasión, demasiado exitosa y, por lo que se ve, aún influyente hasta esos extremos (in)morales, fue a las órdenes de Franco.

20210127 Doble condena por la explosión.

                             Se veía venir, dada la gravedad de los destrozos, la multitud de afectados y los cinco muertos.  Se ha descubierto ya que tres de las siete calderas del edificio del Arzobispado en la calle Toledo de Madrid eran ilegales y el olor a gas empezó muchas horas antes. La Justicia, en vez de tapar el caso, como durante la dictadura, debe poner pronto una pena ejemplar a un propietario tan rico, como demuestran sus recientes escándalos de corrupción multimillonarios ser el Arzobispado, que han alarmado al mismo Papa. Y éste debería imponer una fuerte penitencia pública a los clérigos culpables de ir tan grave y deliberadamente, contra el precepto de Jesús de amar al prójimo, al dejar de asegurar hasta ese trágico desenlace sus bienes y su misma vida.

20210125 Somos poca cosa, con perdón.

               Parece que no basta la gran herida que ha hecho a nuestro orgullo la recién demostrada debilidad que tenemos ante un ser minúsculo, invisible a nuestros ojos, como el coronavirus. Los astrónomos acaban de descubrir un supercúmulo de galaxias con más de 1.700 billones de soles. Así como suena, lo más grande que hemos conocido nunca.

             Hace menos de dos siglos, la Inquisición española todavía mataba a quien creía que la tierra no era el centro del universo; y por menos aún mataban hace menos de un siglo los franquistas. Todas las ideologías, entonces fundadas en ideas religiosas, opinaban que el universo entero había sido creado para nosotros. Hoy ya no podemos decir ni que somos como hormigas, sino algo casi infinitamente más pequeño, poca cosa, en suma, en esos -prácticamente al menos- infinitos gigantescos universos.

             Hay que estar, pues, muy voluntariamente ciego para seguir empecinado en apoyar las antiguas creencias, cuyas lógicas consecuencias sólo siguen practicando sectores cada día más reducidos; grupos que, por eso mismo, son cada vez más social y mentalmente cerrados, lo que con frecuencia les hace ser muy agresivos, faltos de argumentos razonables para apoyar sus ideas y creyendo ser el “pueblo escogido” sobre los demás, como su versión más moderna, los sangrientos nacionalismos.

20210123 ¿Una explosión casual?

                                                     Una enorme explosión mató a varios sacerdotes y laicos en Madrid, destruyendo un edificio de la Iglesia, como lamentó de inmediato el mismo Papa. Pocos días antes, una organización terrorista islámica había incitado atentar contra la Iglesia española, pero el contexto pronto descartó esa explicación.  En épocas pasadas se habría acusado del desastre al diablo; pero hoy resultaría difícil, cuando sólo uno de cada cinco españoles cree en su existencia.

                                                     Quedaba, pues, apelar a una fatídica casualidad que hizo explotar una caldera de gas justo en el mismo momento en que iban a arreglarla, después de tres días de no funcionar habiendo temperaturas bajo cero. Eso dijo un sacerdote superviviente, que, añadió rápido, “pero no tocamos nada”. Habrá que aclarar esa asombrosa coincidencia, como el confirmar que la caldera -y no sólo el edificio- había pasado las inspecciones pertinentes, así como que el joven piadoso que iba a repararla tenía lo correspondiente capacitación. Es lo menos que podemos hacer para compensar en lo posible a las víctimas supervivientes o a sus allegados.

20210107 Sal tirada al suelo.

                     El cardenal Osoro ha tenido que volar de Madrid al Vaticano para rendir cuentas de por qué han “volado” tantos millones de las fundaciones pías para ayudar a los más necesitados. El mismo Francisco también ha tenido que quitar hace días a su Secretaría de Estado el manejo del dinero, tras la “evaporación” de centenares de millones de limosnas recibidas para los pobres en “inversiones” -nunca mejor dicho- en Londres, etc.

                      La corrupción, de que tanto nos quejamos con razón en España e Italia, se debe en gran parte al ejemplo dado por un alto clero que, habiendo perdido hace tiempo la fe y la vergüenza, ha hecho del dinero su nuevo dios; y encima, falsos pastores, siguen sermoneando y despellejando a los incautos hasta que su avaricia les rompe el saco. 

                        Ya el Maestro echó a latigazos a los mercaderes del Templo, convertido por ellos, como denunció, en “cueva de ladrones” (¿No cobran ya tantos ahora, hasta hacerlo parecer normal, incluso por entrar en algunos templos?). También advirtió con severidad a sus Apóstoles, tras llamarles “sal del mundo”, que si la sal pierde su sabor no sirve sino para ser tirada al suelo y pisada. Cabe recordarlo y ejecutarlo hoy, como ha hecho ya el Papa en estos casos, a la vista de tanta sal tan oportunamente tirada al suelo por toneladas en la nevada.