Género – 2018

20180311 A quien importa…

     En la manifestación del 8 de marzo he vuelto a oír cantar el “A quien importa…” lo que yo diga o haga, de Alaska. Como amante de la libertad, no puedo menos que simpatizar con esa rebelión. Pero esa misma manifestación demuestra que hay muchos a los que le importa –hasta pegar y matar- coartar la libertad que exigían las manifestantes, y que hay que luchar juntos contra esa tiranía del patriarcado y otras cadenas del sistema imperante, sin pretender ilusoriamente conseguir de modo individual la propia plena libertad.

20181205 Abuso de “violación”.

                                En la vida y nuestros actos no hay dos iguales, incluso dentro del mismo tipo. Unos individuos encuentran en pleno día y en un descampado a una joven virgen que va a misa y sin decir palabra de inmediato la violan y abandonan; la joven, como es lógico, queda muy traumatizada de por vida. Otros, en plena fiesta del pueblo, charlan largo rato con otra joven en la plaza más concurrida a las dos de la madrugada; ésta les acompaña largo rato, estando cerca cuando dos de ellos van a pedir alojamiento a un hotel; después continúa con ellos, y se besa con uno mientras otro se cuela clandestinamente en una casa  y les abre la puerta, donde entra libremente, “para fumar porros” -como si hubiera policías a esa hora y allí-, afirmando después que la violaron; pero, como era de esperar, se repone en poco tiempo.

                             Aunque, a pesar de tantos hechos probados como los indicados se le de toda la razón a la palabra de la joven y ninguno a la de ellos, ¿Son iguales ambos delitos, llámense ambos abusos o violación, y merecen la misma pena? ¿Son justos o incluso pocos, como todavía se protesta, nueve (9) años de cárcel y lo que eso significa, para los cinco culpables? ¿Pueden unas firmas o manifestaciones, cuidadosamente planeadas por algunas personas de su sexo, condicionar hasta tal punto a la Justicia? La triste experiencia nos demuestra que sí, en otro grave menoscabo de la justicia real y profundo daño para la convivencia entre ambos sexos.

201805 Justicia a conveniencia.

                            La cúpula judicial, elegida por los partidos dominantes y no por los jueces –hasta el “nuevo” PSOE acaba de rechazar el cambio-, tiene un sesgo político evidente. Pero los demás jueces, hecho el relevo generacional, reflejan en gran parte la pluralidad de nuestra sociedad, constituyendo su mayor salvaguarda y conveniencia contra el abuso de los poderosos. Nada más nocivo para la democracia que denigrarlos en general por una sentencia que muy pocos han leído entera. Sentencia que muestra su diversidad de enfoques ante un caso extremo, basado en el fondo en la credibilidad una o varias personas implicadas.

                            La mayoría de esos jueces ha condenado a los acusados por “abusos sexuales”, nombre errado a lo que, por lo que implica y la gravedad de las penas, debiera llamarse violación. Constituye un monstruoso y dañino extremismo el agitar tanto y tan demagógicamente a la sociedad. Eso es lo que ha hecho un pequeño grupo de 60 mujeres extremistas coordinadas contra esa condena, por lo demás, recurrible y recurrida.  Apenas cabe concebir un peor ataque a la Justicia, a la paz social en una democracia y a la misma justa emancipación de las mujeres.

20180723 Mujeres y poder político.

                Se queja una periodista, -y no sólo ella- de que ninguna mujer haya llegado aún a presidir un partido con posibilidades de gobernar España. Señala que Santamaría apelaba a ser mujer como mérito; pero en realidad no fue sino la perfecta yes-woman, secretaria sumisa de Rajoy, que la eligió precisamente por ser más débil aún que él, con lo que, obligándola a compartir su poder con Cospedal, pudo gobernar mejor él… y después otro hombre, Casado.

              Recuerda también Belén Remacha la pérdida de las primarias que perdió Carme Chacón, cuando su “mérito” para destacar fue estar embarazada el día que el irrelevante Zapatero buscaba para Defensa una mujer, que le montara un titular que disimulara su incapacidad; lo pagamos muy caro, abandonando ella después Cataluña, el Parlamento y -física y moralmente- España cuando más necesitábamos que trabajara en su puesto.

              Cita, por último, en su análisis, a Susana Díaz, cuando en realidad toda su carrera política fue dirigida, para desgracia de Andalucía, por un ya tan maleado Felipe González; y cuando ella quiso a su vez tutelar a Pedro Sánchez, éste no se dejó. No sólo son culpables, pues, los “remachos”; también las mujeres, para conseguir todas de verdad la igualdad y no sólo algunas por interesados privilegios paternalistas, tendrían que renunciar a quejarse siempre -como los catalanes, a quienes Pla nos califica con razón de “quejicas”- de ser meras víctimas de los hombres y reconocer su responsabilidad en los abusos que se cometen con su complicidad, en política como en los demás campos.

20180711 Ni Justicia, ni igualdad.

                           En un gesto sin precedentes, 750 magistrados españoles han denunciado ante el Consejo de Jueces Europeos “la gravísima amenaza contra la independencia judicial” en el caso de La Manada, con “una presión social hasta el linchamiento público”. Ni siquiera las autoridades gubernamentales han respetado la presunción de inocencia y más de un millón de firmas, sin leer casi nadie la larga sentencia, han pedido suspender tanto a los dos jueces que condenaron a una parte como al que no lo hizo. Incluso una ministra del nuevo Gobierno ha pedido que la tras la apelación se juzgue “según el sentir del pueblo”, como en los países totalitarios de distinto signo, según han tenido el valor de denunciar algunos especialistas.

                          En este desdichado caso no sólo ha sufrido mucho la Justicia, apoyo básico de los más débiles, sino, de modo muy especial y por eso mismo, la causa real de las mujeres, falsamente lideradas por unas extremistas. Ellas, con la excusa de castigar en un caso muy difícil de dilucidar sin recurrir indebidamente a antecedentes, han conseguido enfrentar a muchas personas a un grupo de hombres, autodenominados La Manada, en un caso aún pendiente de apelación, proponiendo resolverlo con otro grupo al que llaman también “La Manada” femenina, declarándose así violentas, sin ley; incluso peor, amenazándoles con “un tsunami” devastador, como proclamaban en la Puerta del Sol. Apenas cabe pensar una reacción, un movimiento más incivilizado y contraproducente, que reafirme más a quienes todavía están impregnados de la ideología patriarcal en su temor de que lo que las mujeres quieren no es la igualdad, sino una revancha hembrista.