Demografía

20200405 Irlanda ya no se lava las manos.

        Un hongo de la patata hizo perder a Irlanda, por hambre o emigración, un tercio de su población en cinco años, a partir de los 6,5 millones que tenía en 1845.  La solución de reprimir mucho más la vida sexual, con ayuda de la religión, aumentó la pérdida de población hasta menos de la mitad de la original, cayendo a 2,9 millones en 1936, con un récord mundial de internados por desequilibrios mentales. Sólo la rebelión de los jóvenes ha ido rompiendo esa esclavitud física y mental, cambiando sus leyes draconianas y alcanzando los 4,7 millones.

           Prueba de también de esa liberación mental y física es el su Gobierno acabe de recomendar, contra el coronavirus, una “masturbación higiénica”. Como sexólogo, me ruborizó la noticia, pues no estaba al día de esa modalidad erótica de tan popular actividad. La letra pequeña me tranquilizó: se trata de la tan simple como recomendable medida de lavarse bien las manos antes y después del acto. Mis felicitaciones a la nueva Irlanda por no lavarse ya las manos mal como hizo Pilatos, sino bien, esforzándose por salvar la vida de todos en vez de los prejuicios centenarios de algunos de sus ciudadanos.

20180423 SEXO Y PENSIONES.

                             En otro intento por engañarnos, se está llegando a afirmar en titulares que para sostener las pensiones hace falta “potenciar la libido”, tener más hijos. Y eso en un país con tantos millones de parados y en un mundo en que la productividad hace tiempo que no depende de cuantos empuñen una azada –los agricultores no llegan al cuatro por ciento de la población-, sino de robots que eliminan cada día muchos empleos. Más aún, y, sobre todo, porque las pensiones no son una limosna, sino un ahorro forzado, durante toda una vida que, si ha sido robado por los gobernantes que lo administraban, debiera ser restituido en Justicia, con sus respectivos intereses, por el Estado.

201303 Un Ministro peligrosamente desinformado.

                          Negando que lo haga por motivos religiosos, el piadosísimo Ministro del Interior ha afirmado que se opone al matrimonio gay –es decir, a nuestras leyes, poniéndolas así en peligro desde su puesto- por argumentos racionales, ya que “no garantiza la pervivencia de la especie”. Por supuesto que no lo garantiza: eso es una perogrullada, por no decir una tontería. Pero tampoco hace falta que lo haga.

                          Esto se debe a varias y reales razones científicas. Porque todos somos genéticamente bisexuales. Porque el número de homosexuales que se dicen exclusivos no supera el seis por ciento de la población. Porque muchos hijos son concebidos fuera del matrimonio. Y porque lo que con frecuencia no asegura de verdad la pervivencia de una especie es lo contrario: la excesiva proliferación; de modo que la naturaleza, cuando hay superpoblación en una especie –moscas o personas- fomenta la aparición de conductas homosexuales en los estadios superiores de la que los estadígrafos llamamos curva de Pearl.

                           Ministro de Zapatero, Fernández Díaz, dedícate a tus zapatos, sin intentar con falsas razones imponernos, debido a tus peculiares convicciones religiosas, conductas contrarias a las naturales y debidas en estas circunstancias para asegurar nuestra supervivencia. Más aún: nuestra crisis actual se debe en parte también a sus peculiares convicciones religiosas de que ciertos métodos anticonceptivos eficaces son “antinaturales”, prohibiéndonoslos o dificultando ahora su acceso, lo que ha agravado nuestra superpoblación, hacinamiento, contaminación, desempleo, etcétera.